Los demócratas y el fantasma de las elecciones de 2016


A lo largo de las últimas semanas, la radiografía que ha comenzado a emerger de las elecciones presidenciales en Estados Unidos apunta a una victoria más que contundente de Joe Biden, a quien las encuestas señalan como favorito. Pero la debacle de hace cuatro años, cuando Trump se impuso pese a todos los pronósticos sobre Hillary Clinton, causa dudas en el partido demócrata.

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Una tras otra, las encuestas –incluidas las hechas por medios favorables a Donald Trump, como Fox– hablan de más de 10 puntos de ventaja a nivel nacional y lo ponen arriba en casi todos los llamados ‘estados indecisos’, que, dado el sistema electoral de EE. UU., son los que van a inclinar la balanza en una u otra dirección.

Entre los demócratas, sin embargo, nadie está celebrando. En parte porque no quieren trasmitir un exceso de confianza que afecte la participación de sus votantes cuando llegue la hora de verdad. Pero, en el fondo, es el fantasma de las elecciones del 2016 lo que les quita el sueño.

En esa ocasión, como se recuerda, Hillary Clinton también iba adelante en la mayoría de sondeos y terminó perdiendo cuando tres estados que se consideraban ‘seguros’ para los demócratas –Wisconsin, Pensilvania y Míchigan– prefirieron a Trump por un estrecho margen y le dieron las llaves de la Casa Blanca.

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Si bien Clinton ganó el voto popular por más de 3 millones de votos, terminó derrotada en el conteo del Colegio Electoral, que es el que cuenta. Pero, de acuerdo con una mayoría de analistas y expertos, el panorama es muy diferente al de hace cuatro años y, por ahora, favorece claramente al exsenador de Delaware. Por varias razones. La primera de ellas, y quizá la más poderosa, está basada en pura estadística.

Desde 1936, año en el que se comenzaron a realizar sondeos científicos con fines electorales, ningún contrincante a la Casa Blanca –es decir, un candidato que desafiaba al presidente electo– había gozado de semejante liderato en este punto de la carrera. Biden, de acuerdo con las muestras de Fox, The Washington Post, ABC y Reuters, le estaría sacando entre 10 y 12 puntos de ventaja a Trump y, en promedio, amasa el 52 por ciento de las preferencias electorales, frente al 42 por ciento del presidente.

Solo Bill Clinton en la campaña de 1992 superaba a su rival (el presidente George H. Bush) por más de cinco puntos a solo tres semanas de las elecciones. Pero incluso este expresidente nunca logró superar el 48 por ciento de las preferencias. Biden, de hecho, es el primer rival en casi 100 años que llega a este tramo de la carrera superando el 50 por ciento de las intenciones de voto.

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Donald Trump en campaña

Donald Trump regresó a su campaña electoral luego de haberse contagiado y recuperado del covid-19.

Si bien hubo momentos en el 2016 cuando Hillary le alcanzó a sacar hasta seis puntos a Trump en el promedio de encuestas, nunca pudo superar esa marca. Lo cual, a pesar de lo que decían las encuestas, indicaba que su posición no era tan sólida. La otra gran diferencia con las elecciones de hace cuatro años es que el liderato de Hillary a lo largo de la carrera fue muy variable y por momentos rayó en el empate. En el caso de Biden, ha estado por delante de Trump de manera consistente en estos ocho meses que van desde que emergió como el candidato de los demócratas. Y siempre por una diferencia de más de cinco puntos.

Los encuestadores, además, dicen haber aprendido la lección del 2016 y sus modelos son mucho más conservadores en esta ocasión, dando más peso a factores como el del voto blanco sin educación universitaria, que no se discriminaba antes en las muestras y terminó siendo clave en la victoria de Trump.

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La segunda pieza de este rompecabezas es que Biden, por un conjunto de razones, parece ser un mejor candidato que Hillary. Por un lado, Clinton llegó a esas elecciones buscando suceder a un presidente de su propio partido que llevaba ocho años en el poder (Barack Obama). Y eso, por lo general, se traduce en desgaste y anhelo de cambio. Además, con el propósito de convertirse en la primera mujer presidenta en un país que aún mantiene prejuicios frente a esa posibilidad y que le restó votos entre la población de hombres.

A eso habría que sumar su propia imagen. Clinton no solo provocaba profunda antipatía entre los republicanos por sus polémicos años como primera dama, senadora y secretaria de Estado, sino entre independientes y algunos demócratas.De hecho, su imagen positiva nunca superó el 50 por ciento. Biden no arrastra ninguna de esas debilidades. Por el contrario, es visto como una alternativa tras cuatro polémicos años de Trump, y su favorabilidad siempre ha estado en terreno positivo con demócratas e independientes.

Además, compite en un contexto en el que quien está a la defensiva es un presidente criticado por el manejo de la pandemia de covid-19, el tema que más preocupa a los estadounidenses, y enfrentando una crisis económica de enormes proporciones.
Todos estos elementos se han traducido en una especie de ‘ola azul’ que amenaza hasta con llevarse por delante a los republicanos en su batalla por retener el Senado.

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Prueba de ello está en los fondos que vienen recaudando las campañas a través de donaciones. En los últimos dos meses, Biden ha recibido casi el doble de los recursos que Trump. Lo cual demuestra un grado de entusiasmo entre los demócratas que no existía en el 2016.

“Una de las razones por las que mucha gente no votó en 2016 fue porque ninguno de los dos candidatos colmaba sus expectativas y tampoco sentían que sus vidas podrían verse alteradas por el ganador. En esta ocasión, y tras cuatro años de Trump, hay una clara distinción entre lo que representan las dos opciones. Y eso ha provocado mucha energía, especialmente entre los demócratas que quieren poner fin a su presidencia”, sostiene Patrick Murray, director del proyecto electoral de la Universidad de Monmouth.

Votantes latinos en EE.UU.

En Florida, votantes latinos manifestaron su apoyo a Joe Biden, quien visitó esta semana ese estado. 

El tercer eje de este análisis, y que explica la fortaleza de Biden a estas alturas de la carrera, es el mismo Trump y lo que han sido sus cuatro años en la Casa Blanca. Tras su sorprendente triunfo en el 2016, el presidente tuvo la opción de ampliar su base de votantes apostando a un gobierno más de centro. Eso, por lo general, es lo que hacen las administraciones que llegan al poder sin el voto de la mayoría. Trump, por el contrario, siempre les apostó a la misma base y temas que lo llevaron a la presidencia. Y eso ha tenido un alto impacto en su popularidad y números de aprobación.

El presidente es, de hecho, el único mandatario en la historia de EE. UU. que nunca ha contado con el respaldo de la mayoría. Su número más alto, según las encuestas, es de hace dos años y solo llegó al 46 por ciento. Una estrategia que al parecer le ha restado apoyo en tres segmentos del electorado que son claves: los independientes, el voto de las personas mayores de 65 años y las mujeres.

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En el caso de los independientes y de acuerdo con un estudio de Pew Research Center, una mayoría de ellos se terminó inclinando por Trump hace cuatro años por un margen de siete puntos. Pero en esta ocasión esa diferencia favorece a Biden por 15 puntos. De acuerdo con Larry Sabato, de la Universidad de Virginia, se trata de un grupo de votantes que le dio la oportunidad al republicano pensando que se movería al centro una vez sintiera el peso de ocupar la Oficina Oval pero que ahora, cuatro polémicos años después, ha comenzado a tomar distancia.

El caso de las personas de la tercera edad también es elocuente. En las últimas cuatro elecciones ha sido un grupo que siempre ha favorecido a los republicanos frente a los demócratas. Y el 2016 hizo lo propio con Trump. Pero según sondeos de The Washington Post y ABC en esta ocasión se están inclinando por Biden y por márgenes que alcanzan hasta 10 puntos (55 vs. 45 en promedio). Dado que es el grupo más vulnerable ante el coronavirus le estaría pasando la factura al presidente por el manejo de la pandemia.

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Y luego están las mujeres. Si bien tienden a favorecer a los demócratas y en el 2016 prefirieron a Hillary por 13 puntos (57 vs. 43), la diferencia en el 2020 es de 30 puntos promedio según los sondeos más recientes. De mantenerse esa distancia hasta el día de las elecciones, su voto, por sí solo, sería suficiente para dar la victoria a Biden.

Por supuesto, a la carrera aún le faltan varias semanas y cualquier cosa podría pasar. Especialmente si se tiene en cuenta que las elecciones las van a definir un grupo de seis u ocho estados donde la diferencia entre Trump y Biden es más estrecha y pequeños movimientos del electorado podrían afectar los resultados. Tampoco se sabe si los supuestos esfuerzos de los republicanos por suprimir el voto (hay denuncias por esto en todo el país) tendrán un impacto cuando llegue la hora de sumar. Lo que sí es claro, al menos de momento, es que Joe Biden es el favorito y tiene todo servido para ganar las próximas elecciones en Estados Unidos.

SERGIO GÓMEZ MASERI
Corresponsal de EL TIEMPO
WASHINGTON
En Twitter: @sergom68

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