El ‘shock’ pandémico y los nuevos retos de América Latina


Ante las devastadoras consecuencias económicas, sociales y existenciales que está teniendo la pandemia del covid-19 en gran parte del mundo, los ciudadanos y gobernantes tienen puesta la esperanza en que la ciencia encuentre una vacuna efectiva en el corto plazo y nuevas terapéuticas que permitan vencer esta enfermedad. Es, sin duda, una gran oportunidad para el avance de la ciencia, la tecnología y la cooperación que permitirá contrarrestar las amenazas globales que surgen de esta nueva crisis sanitaria de origen zoonótico

No obstante, a la par de estos avances, no puede dejarse de lado la problemática que generan actividades humanas como el tráfico ilegal de fauna silvestre y el mercado de animales que constituyen una parte de la raíz misma de esta crisis. Estamos hablando en este caso del deterioro ecológico global (biosfera) que impacta la salud planetaria como un todo. Es imperativo movilizar la política global y regional para hacerles frente sin más dilaciones a los asuntos que demanda la crisis medioambiental durante la actual emergencia.

El coronavirus Sars-CoV-2 y la enfermedad covid-19 nos pone frente al espejo de la degradación ambiental global. Las ideas en torno a un ‘new deal verde’ como ha sido bautizado en los Estados Unidos por miembros del Partido Demócrata, o Pacto Verde como se le ha llamado en la Unión Europea, que en principio están dirigidos a acelerar la descarbonización de la economía mundial, deben incorporar acciones para atacar de raíz la crisis de las emergencias zoonóticas.

El virus y la enfermedad son también entidades emergentes estrechamente asociadas a la degradación crónica de ecosistemas principalmente en el cinturón tropical y que son ricos en biodiversidad, y a la explotación insostenible de animales salvajes sobre la cual se tiene contundente evidencia por parte de organizaciones internacionales que han estudiado este problema como la FAO, IUCN, WCS, y WWF, entre otras. América Latina no es ajena a esta realidad y tiene una larga lista de pendientes por resolver que no debería dejar pasar en esta crucial coyuntura.

(Lea también: ¿Qué es el ‘efecto dilución’, clave para evitar futuras pandemias?)

Sabemos muy bien que la salud y el medioambiente están entrelazados. Los textos de salud pública y medioambiente nos enseñan que mientras más degradación y polución ambiental se tenga mayores problemas de salud se presentan en la población. Las enfermedades zoonóticas emergentes sirven como un buen ejemplo para ilustrar este fenómeno. También tenemos un claro entendimiento de que las ciudades de Latinoamérica y en especial las grandes urbes se caracterizan por los altos niveles de contaminación del aire, que conllevan a enfermedades respiratorias, mientras las zonas rurales donde la falta de agua potable, entiéndase problemas gastrointestinales, y la alta degradación de suelos en conjunto reflejan el cuadro característico que no es otro que la fotografía de la pobreza rural y la marginalidad crónica en la región.

A esto se suma la disparidad en la calidad institucional de los sistemas de salud y las diferencias marcadas dentro de cada país ante la falta de una sanidad pública y universal. En los países de América Latina, con la excepción de unos pocos, el acceso a la atención sanitaria de buena calidad está mediada por el nivel de ingreso. Es un sistema claramente con “la cancha inclinada”. Como ha venido señalando la Cepal, esta región continúa siendo la más desigual del planeta. Así las cosas, el covid-19 nos toma por sorpresa y mal preparados en materia de salud y medioambiente.

Ante este incierto panorama, tratar de repensar la salud y el medioambiente no podía ser más pertinente. El destino de 626 millones de personas puede ser transformado positivamente con voluntad política, liderazgo y con planes serios que permitan cambiar la trayectoria en que se mueven los asuntos medioambientales de la región.

Incluso, el papa Francisco, quien puede ser considerado un líder latinoamericano para el mundo, puso en el 2015 a disposición de los católicos una carta encíclica, titulada Laudato si’, sobre el cuidado de lo que él mismo llama “nuestra casa común”; es un llamado a la adecuada preservación del planeta y por ende a resaltar el riesgo de que nuestra agresión hacia el mismo pone a la civilización humana a las puertas de la extinción.

Estamos frente a un enorme desafío que la humanidad se resiste a resolver y con la consecuencia de llegar a un punto de no retorno en que las mitigaciones frente a la emergencia ambiental y sanitaria global puedan resultar insuficientes o extemporáneas. América Latina tiene un llamado a despertar ya. El subcontinente no puede seguir rezagado en asuntos cruciales que están definiendo el destino de la humanidad actualmente. El shock pandémico es una oportunidad inédita que nos pone a elegir entre preservar el statu quo o adoptar un Pacto Verde ampliamente incluyente.

Desbordamiento zoonótico

El pasado 22 de enero el Dr. Christian Welzar, director ejecutivo del programa de salud de la organización Wildlife Conservation Society, hizo un llamado a los gobiernos del mundo para cerrar los mercados donde se comercializan animales salvajes vivos. La organización con sede en Nueva York ha recogido evidencias sobre el riesgo que representan estos mercados para la emergencia de brotes zoonóticos. Igualmente, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN, por su sigla en inglés), con sede en Gland (Suiza), se ha pronunciado sobre el riesgo que representa tanto para la salud como para la biodiversidad el comercio ilegal de animales salvajes.

El comercio ilegal de vida salvaje está creciendo en América Latina y hace parte del crimen organizado internacional. El Programa Ambiental de Naciones Unidas (Unep, por su sigla en inglés) reconoce que el sesenta por ciento de todas las enfermedades infecciosas en humanos son zoonóticas y el setenta y cinco por ciento de todas las enfermedades infecciosas emergentes nos llegan por vía animal.

De las zoonosis recientes, tales como la enfermedad del Ébola, gripa aviar, Síndrome Respiratorio del Medio Oriente (Mers), el virus Nipah, la fiebre Rift Valley, el Síndrome Severo Agudo Respiratorio (Sars), virus del West Nile, la enfermedad del virus Zika y el nuevo coronavirus están ligadas con actividades humanas, asegura la Unep.

Igualmente, la Unep ha señalado que la deforestación y el cambio de uso del suelo, el comercio ilegal de fauna, la ampliación de la frontera agrícola y la ganadería, la resistencia antimicrobiana y el cambio climático son factores que incrementan la emergencia de zoonosis.

(Le recomendamos: Alarma por la misteriosa muerte de miles de lobos marinos)

Todas las zoonosis descritas han sido ampliamente caracterizadas, incluyendo los modos específicos del evento de desbordamiento zoonótico. Es decir, el momento en que el agente infeccioso cambia de huésped. No todos los reservorios naturales de los agentes infecciosos han podido ser identificados, pero se tienen potenciales nombres de especies con alta probabilidad de serlo.

El fenómeno del desbordamiento zoonótico es de naturaleza compleja y requiere estudios detallados de epidemiologia, ecología y evolución filogenética, es decir, la epidemiologia permite elucidar la dinámica de la enfermedad, la ecología facilita entender las interacciones huésped-hospedero y la evolución filogenética establece las relaciones genealógicas entre los agentes infecciosos cercanos y la determinación temporal del más reciente ancestro común (TMRCA, por sus siglas en inglés).

No todos los reservorios naturales de los agentes infecciosos han podido ser identificados, pero se tienen potenciales nombres de especies con alta probabilidad de serlo

Por ejemplo, un estudio llevado a cabo por la Universidad Imperial College de Londres estableció el TMRCA para el Sars-CoV-2 como altamente probable el 5 de diciembre de 2019, el rango de variabilidad oscila entre el 6 de noviembre y el 13 de diciembre de 2019. Asegurando con esto que el desbordamiento zoonótico del Covid-19 es de muy reciente emergencia.

La Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE) por casi dos décadas ha venido promocionando el enfoque de ‘One Health’ (Una sola salud), aquí se tiene en consideración que la salud animal y humana están entrelazadas con los ecosistemas donde se desarrollan y exige una mirada holística para la prevención del riesgo sanitario. Es desde este enfoque que el desbordamiento zoonótico es mejor entendido y para lo cual sus instrumentos deben ser promovidos y adaptados.

(Le puede interesar: Unesco reúne a dirigentes globales para reforzar educación tras covid)

CAMILO FLÓREZ GÓNGORA
Para EL TIEMPO

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *