General Cienfuegos, una papa muy caliente para López Obrador


Cuando fue capturado en octubre pasado al llegar a Los Ángeles y posteriormente acusado por la fiscalía de EE. UU. por varios cargos por supuesto narcotráfico y lavado de activos, el exministro de Defensa de México Salvador Cienfuegos se convirtió en el centro de atención, pues era uno de los más altos exfuncionarios del Gobierno de ese país que terminaba en líos con la justicia.

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Lo de Cienfuegos, se decía, había sido un duro golpe para el legado del expresidente Enrique Peña Nieto, ya que el general (r) fungió como secretario de Defensa en su administración (2012-2018).

Pero un poco más de un mes después de su captura, un tribunal de EE. UU. desestimó los cargos contra Cienfuegos tras una solicitud de México y ordenó su regreso a su país, en lo que ha sido catalogado como una concesión inusual de parte de la justicia estadounidense por un pedido hecho por el mismo fiscal estadounidense, William Barr.

Ahora, la papa caliente quedó en manos del gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador (Amlo), que tendrá que lidiar con lo que los expertos consideran uno de los casos más difíciles de su presidencia y que representa un reto enorme para la justicia: una investigación contra uno de los generales más queridos en las Fuerzas Armadas, con un sistema judicial donde prevalece la impunidad.

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López Obrador

El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador.

Foto:

Mario Guzmán / Efe.

“Estamos ante una situación clave para el sexenio del presidente López Obrador, es probablemente el caso político más importante” en este periodo, afirmó Carlos Pérez Ricart, especialista en temas de seguridad e investigador del Centro de Investigación y Docencia Económicas (Cide).

La captura de Cienfuegos había tomado por sorpresa al gobierno de Amlo, pues las autoridades mexicanas no fueron previamente informadas del procedimiento. De hecho, el presidente argumentó que el pedido para que se desestimaran las acusaciones contra el exgeneral y para que este fuera juzgado en México no se basó en las supuestas amenazas para que EE. UU. retirara del territorio mexicano a agentes de la DEA si no le entregaban al exfuncionario.

Según el mandatario, la solicitud se dio a través de un proceso diplomático en el que el país latinoamericano manifestó la “inconformidad” sobre cómo ocurrió la detención del exministro de Defensa.

“No amenazamos a nadie”, dijo López Obrador, cuyo gobierno ha insistido en que el reclamo que se le hizo a EE. UU. responde a un asunto de confianza y principios de la cooperación bilateral, los cuales no fueron respetados.

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Incluso hay quienes consideran que la desestimación de los cargos contra Cienfuegos fue un triunfo diplomático para Amlo.

“La administración Amlo logró sus objetivos en la negociación, y esto demuestra que la narrativa de cooperación primó: la necesidad de cooperación en el ámbito del narcotráfico”, afirmó a EL TIEMPO Matías Alejandro Franchini, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario.

Lo cierto es que ya con Cienfuegos en México, donde quedó en libertad desde el miércoles y fue informado de que se iniciará una investigación en su contra, las expectativas están puestas en lo que viene y en lo que algunos catalogan como una tensión que parece imposible de solucionar.

“Por un lado está el compromiso que tiene México (…) de perseguir los cargos y las acusaciones que se hicieron en EE. UU. De alguna forma, México está comprometido a continuar la investigación.

La administración Amlo logró sus objetivos en la negociación, y esto demuestra que la narrativa de cooperación primó: la necesidad de cooperación en el ámbito del narcotráfico.

Por otro lado, en México hay una impunidad muy grande y es obvio que va a haber muchas fuerzas dentro del Gobierno que van a impedir que se haga una investigación”, afirmó Pérez Ricart, que agrega que “habrá que ver si vale más el compromiso internacional asumido por México o las redes de complicidad que se han formado”.

El ministro de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, afirmó por adelantado que para el país sería muy costoso no adelantar una investigación contra Cienfuegos, quien, según la Fiscalía General mexicana, manifestó su “total disposición” para colaborar con la justicia.

Y López Obrador señaló que el poder judicial de su país es el que ahora tiene que establecer si el general (r) es culpable o no, e hizo énfasis en que eso debe ocurrir sin que haya impunidad y sin que “se fabriquen delitos”.

Sin embargo, hay analistas que consideran poco probable que el exgeneral tenga un proceso imparcial. Otros, como Javier Oliva, especialista en asuntos militares de la Unam, aseguran que si bien Cienfuegos es un militar muy importante en la historia de ese país, “eso no implica que si cometió algún delito, no lo vayan a juzgar”.

(…) habrá que ver si vale más el compromiso internacional asumido por México o las redes de complicidad que se han formado.

Eso sí, los expertos advierten sobre el impacto que puede tener el tratamiento que se le dé al caso. “Si Cienfuegos resulta impune, va a ser un gran golpe a la imagen de México”, afirmó Adam Isacson, del Wola.

Por su parte, Pérez Ricart afirmó que “si el Gobierno hace una investigación transparente, más allá de si sale culpable o inocente, y apegada al derecho, se está dando un paso adelante. Es una oportunidad para el presidente López Obrador”.

Sandra Ramírez Carreño
Editora Internacional
*Con AFP

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