La prórroga que consiguió el gobierno británico para ganar dos semanas en las que aprobar el acuerdo de salida de la Unión Europea (UE) podría ser sólo la forma que encontraron los europeos para darle a Londres un poco más de tiempo para prepararse para el choque.
Las confidencias de los diplomáticos europeos el viernes al final de la cumbre de Bruselas centrada en la salida británica muestran que los dirigentes del bloque ya ven el ‘Brexit’ sin acuerdo como el escenario más probable, sobre todo después de escuchar la tarde del jueves a una primera ministra británica Theresa May que pareció no tener ni un plan B ni unas respuestas para salir al paso de sus preguntas de sus homólogos.
El destino del ‘brexit’ está en manos de nuestros amigos británicos. Nosotros, la UE, estamos preparados para lo peor, pero esperamos lo mejor. La esperanza es lo último que se pierde.
La madrugada del jueves al viernes se acordó una corta prórroga de la salida británica hasta el 22 de mayo condicionada a que esta semana el Parlamento británico apruebe, en el tercer intento, el acuerdo de salida. Si no lo hace, esa prórroga se adelantaría al 12 de abril, salvo que el gobierno británico pidiera otra prórroga más larga y se comprometiera a participar en las elecciones europeas del 26 de mayo.
Ese escenario abriría la puerta, esperan los europeos, a la dimisión de May y la organización de elecciones anticipadas en el Reino Unido o incluso a la celebración de un segundo referéndum, como lo pidieron miles de personas el sábado en las calles de Londres. La prensa británica especulaba este fin de semana con una revuelta en el Partido Conservador de May para defenestrarla y sustituirla por su segundo, David Lidington.
La prórroga es una oportunidad más de la UE a Londres para no salir del bloque sin acuerdo y enfrentarse a una crisis histórica, pero en la mente de los dirigentes europeos cunde el pesimismo porque no creen que May consiga hacer aprobar el acuerdo. Diplomáticos europeos explicaban el viernes que el riesgo de una salida a lo bruto “es muy real”.
Según el diario británico ‘The Guardian’, el presidente francés Emmanuel Macron preguntó al primer ministro irlandés Leo Varadkar si su país podría afrontar el golpe de una salida británica sin acuerdos (el Reino Unido es el primer socio comercial de Irlanda).
El irlandés le habría dicho que su país soportaría el choque. La Comisión Europea dedicará las próximas semanas a hacer planes para ayudar a Dublín.
Macron llevó la voz cantante entre los duros. Con el apoyo discreto y limitado de países como España o Bélgica y frente a una Alemania más flexible, Macron, que llegó a decir en público que el ‘Brexit’ es “una lección política”, parece haber decidido ya que el bloque estará mejor sin los británicos y que cuanto antes se vayan mejor porque el ‘Brexit’ tiene paralizada a la UE.
El francés, según confesó a EL TIEMPO un diplomático escandinavo, llegó a decir a los demás dirigentes: “Hay que acabar con esto, hay que decidir”. Esa fuente asegura que nadie contrarió a Macron y que la mayoría incluso ve con agrado el papel protagonista del francés porque les sirve para quitarse presión.
Uno de los objetivos de los europeos es que quede claro que el ‘brexit’ es responsabilidad del Reino Unido y que si se hace con o sin acuerdo será por la mejor o peor labor de la clase política británica, nunca por el papel jugado por la UE en este proceso.
Macron cree que es hora de eliminar la tradicional oposición británica a más integración europea. Su posición europea podría compararse con la de Charles De Gaulle.
El general nunca permitió la entrada al grupo del Reino Unido, que sólo pudo acceder al bloque tras su muerte, en 1973.
El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, dijo el viernes en conferencia de prensa que “el destino del ‘Brexit’ está en manos de nuestros amigos británicos. Nosotros, la UE, estamos preparados para lo peor, pero esperamos lo mejor. La esperanza es lo último que se pierde”.
Las palabras de Tusk no las comparten los jefes de gobierno porque nadie se imagina a los británicos votando en los comicios europeos casi tres años después de haber decidido en referéndum salir de la UE a pesar de que los últimos sondeos dan ventajas de más de 10 puntos a los que ahora votarían a favor de quedarse en el bloque.
En tiempos de Donald Trump, de amenaza rusa creciente y de desconfianza hacia el apetito económico chino, la UE no quiere perder al Reino Unido, potencia económica y militar. Pero muchos dirigentes ya llegaron a la conclusión de que la salida británica –para después buscar la mejor relación posible– será mejor que mantener en el bloque a los británicos contra su deseo, con un país dividido y que en Bruselas podría dedicarse a bloquear los avances del bloque.
Idafe MartÍn Pérez
Para EL TIEMPO
Bruselas