Una crisis institucional, el temor que ronda las elecciones de EE. UU.


El escenario es de pesadilla. Este 4 de noviembre, un día después de las elecciones presidenciales en EE. UU., el país se levanta con la noticia de que no hay un claro ganador y que tanto el republicano Donald Trump como el demócrata Joe Biden están clamando victoria.

Ambos partidos demandan las elecciones y el país desciende en una violenta crisis constitucional sin antecedentes en la historia.

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Hasta hace poco nadie imaginaba que algo así podía pasar en la democracia más estable del mundo y, como máximo, sonaba al guion de una película de Hollywood. Pero a medida que se acerca el ‘Día D’, la angustia porque semejante desenlace termine materializándose ha ido creciendo como la espuma.

En buena parte, el temor se afinca en declaraciones del presidente Trump, que lleva semanas denunciando los comicios como “los más fraudulentos de toda la historia” –pese a que aún no ocurren– y sigue sin comprometerse a una transición pacífica del poder.

Trump alega que el voto por correo se presta para todo tipo de manipulación y les ha pedido a sus simpatizantes estar listos para un posible “robo” de las elecciones. Los demócratas, por su parte, creen que el presidente está buscando una excusa para justificar su derrota y aferrarse al poder.

Lo primero que hay que aclarar es que EE. UU. lleva décadas usando este sistema para votar.

En las elecciones del 2016, de hecho, casi 40 millones de personas, un tercio del total, sufragaron por correo, incluido el propio Trump. Y nunca, salvo casos marginales que no superan un puñado, se han detectado irregularidades.

Es decir, el resultado final podría tardar al menos una semana en conocerse o incluso más

Votaciones en Florida

En Florida ya arrancó el voto anticipado para las elecciones entre Donald Trump y Joe Biden.

Sin embargo, dadas las restricciones y temores que existen por la pandemia del coronavirus, se estima que un porcentaje mucho más alto de personas ejercerá su derecho a través de la oficina postal en este 2020. Y eso ha abierto la puerta para las especulaciones.

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Varios estados, de hecho, han expandido sus programas de votación por correo para acomodarse a estas nuevas realidades. Pero eso ha provocado una multitud de demandas ante las cortes, especialmente de los republicanos, pues se estima que muchos más demócratas utilizarán este método para sufragar.

El problema arranca la misma noche de las elecciones y está asociado al sistema que usa cada estado para contabilizar el voto ausente. En la gran mayoría, este solo se comienza a contar una vez termina de procesarse el voto presencial, cuyo resultado es casi automático. Y eso, por lo general, se puede tardar varios días.

Además, varios estados permiten que una persona vote por correo hasta el mismo día de las elecciones siempre y cuando tenga un sello de la oficina postal que demuestre que fue depositado el 3 de noviembre. Pero eso implica que tardará al menos tres o cuatro días mientras llega y otros más mientras es contado. Es decir, el resultado final podría tardar al menos una semana en conocerse o incluso más.

Los simpatizantes de Trump creen ciegamente en lo que dice. Y es fácil imaginarse una turba de votantes enardecidos tomándose las calles para defenderlo así los resultados no lo favorezcan

Latinos for Trump

Una hombre sostiene una pancarta de «Latinos for Trump» durante el mitin de Ivanka Trump, hija y asesora del presidente y candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos en Miami, Florida.

Foto:

Giorgio Viera. Efe

Pero nadie sabe exactamente qué hará cada candidato mientras eso sucede, aunque ambos han telegrafiado su aproximación. Dado que una mayoría de demócratas ha dicho que votará por correo, la posición de Biden es que no se puede declarar a un ganador hasta que todos los votos sean contados.

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En el caso de los republicanos, se estima que buena parte votará presencialmente. Eso quiere decir que a Trump el primer conteo –el de la noche de las elecciones– podría favorecerlo. Y no sería extraño que, basado en esos resultados parciales, salga a clamar victoria.

Si lo hace, y luego Biden termina imponiéndose cuando finalice el escrutinio de votos, el presidente podría usar su púlpito para decirle a la base del partido que, como lo anticipó, se robaron las elecciones.

Los simpatizantes de Trump creen ciegamente en lo que dice el presidente. Y es fácil imaginarse una turba de votantes enardecidos tomándose las calles para defenderlo así los resultados no lo favorezcan”, sostiene Norm Ornstin, del American Enterprise Institute.

Algo que con seguridad también abriría la puerta para decenas de demandas en las cortes del país, pues los republicanos ya han anticipado que piensan recurrir a ellas ante la menor sospecha. Y lo mismo sucedería con los demócratas si los resultados posteriores dan a Biden como ganador.

Muchos han equiparado este momento al de las elecciones del año 2000, cuando George W. Bush fue declarado ganador un mes después de las elecciones tras un polémico recuento de votos en la Florida en el que se impuso al vicepresidente Al Gore por solo 537 sufragios.

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Eso, luego de que la Corte Suprema de Justicia, de mayoría republicana, indicó que se debía declarar como triunfador a quien estaba adelante en el último recuento. Si bien Gore contaba con recursos legales para seguir cuestionando el resultado, optó por reconocer la derrota para evitar una crisis constitucional.

Poca confianza

Pero el momento actual es muy diferente. La polarización que se vive en EE. UU. es extrema y hay muy poca confianza en los rivales y las instituciones.

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Para los demócratas, que quien termine tomando la decisión final sea una corte conservadora compuesta por jueces que el mismo Trump nombró es un despropósito. Sobre todo si Biden termina ganando el voto popular nuevamente, como lo hizo Hillary Clinton en 2016, y crece la percepción de que los republicanos están usando sus mayorías para imponerse a la fuerza y que el presidente está contribuyendo con sus constantes ataques a la integridad de las elecciones.

“Esto es potencialmente como la situación de Florida en el año 2000, pero a la décima potencia”, afirma el profesor Larry Sabato, director del Centro Político de la Universidad de Virginia. Por supuesto, mucho depende del resultado de las elecciones como tal. Si hay una barrida de Biden, y eso es bien posible dado lo que dicen las encuestas, a Trump le quedará muy difícil insistir en su argumento del fraude.

Según Sabato, hasta los mismos republicanos, confrontados con esa realidad, terminarían abandonándolo. Eso es especialmente cierto si Trump acaba perdiendo en la mayoría de los llamados “estados indecisos”, que son los que van a definir estas elecciones. Y lo mismo se aplica en caso de una derrota contundente de Biden.
Pero la situación se vuelve turbia si el nombre del ganador depende de los resultados en uno o dos estados donde la votación es estrecha y hay demandas en curso de ambos partidos.

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A eso habría que sumar la desconfianza que ya existe por la certificación de los resultados a nivel estatal, pues esta recae en el partido que controla la gobernación y el Congreso, y la situación se presta para que terminen siendo amañados.

Si todo esto sucede, la crisis podría ser mayúscula. Especialmente porque ni la Constitución ni las leyes prevén qué hacer en este tipo de casos y existen mucho espacio para interpretaciones partidistas.

“El chance de que la elección va a ser muy apretada en un estado que pese ante el Colegio Electoral es más bien pequeño. Pero si resulta siéndolo, entonces sí estamos ante un grave peligro”, afirma Rick Hansen, profesor en política electoral de la Universidad de California.

Un peligro que antes se veía distante pero que hoy, dado el curso de los acontecimientos, ha comenzado a preocupar.

SERGIO GÓMEZ MASERI
CORRESPONSAL DE EL TIEMPO
WASHINGTON

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