Los retos que enfrenta Biden en su cruzada por el medioambiente


El presidente de EE. UU., Joe Biden, calificó esta semana la crisis climática que vive el planeta como una “amenaza existencial”. “No podemos esperar más. Lo vemos con nuestros propios ojos, lo sentimos. Lo sabemos en nuestros huesos”, afirmó.

Fue así como el recién posesionado mandatario puso este asunto en lo más alto de la agenda de su gobierno tras firmar una serie de órdenes ejecutivas que perfilan el cambio climático como una prioridad de seguridad nacional.

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Un tema que el exmandatario Donald Trump, negacionista del calentamiento global, eliminó prácticamente de las prioridades geopolíticas de EE. UU. durante su periodo presidencial (2017-2021).

Es por eso que Biden quiere recuperar la influencia que su país solía tener en este asunto. “Debemos liderar la respuesta global”, sentenció el líder demócrata.

Las medidas anunciadas incluyen, entre otras cosas, la suspensión de los nuevos contratos en tierras federales y marinas de perforación de petróleo y gas, ordena a las agencias federales a comprar carros eléctricos y terminar con los subsidios a los combustibles fósiles.

Asimismo, la orden ejecutiva apunta a lograr un sector energético libre de contaminación de carbono para 2035 y que el país prosiga en “un camino irreversible” hacia una economía de cero emisiones netas para 2050. Estas decisiones se suman también al pedido de convocar una cumbre climática para el 22 abril y el retorno de EE. UU. al Acuerdo de París, una acción que ordenó Biden en su primer día de gobierno.

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Según la agencia ‘Bloomberg’, aunque las compañías de petróleo y gas sabían que enfrentarían cambios con el nuevo presidente estadounidense, “nadie esperaba que los combustibles fósiles fueran objeto de un ataque tan inmediato”.

“La industria está horrorizada por estos cambios (…). Son más directos, feroces y rápidos de lo que la gente esperaba”, le dijo a ‘Bloomberg’ Dan Eberhart, director ejecutivo de la empresa de servicios petroleros Canary Drilling Services.

A nivel nacional, el presidente Biden tendrá que trabajar con el Congreso y el sector privado para aprobar una nueva legislación que regule las emisiones de efecto invernadero

Lo cierto es que el cambio climático es un asunto de máxima urgencia. De hecho, el más reciente informe del servicio europeo Copernicus volvió a encender las alarmas. Según ellos, el 2020 fue el año más cálido en el mundo junto con el 2016, al término de una década de temperaturas récord que evidencian la “urgencia” de actuar contra el calentamiento global. Estos efectos ya son visibles en todo el planeta, por ejemplo, con el deshielo del ártico y los glaciares, canículas excepcionales, precipitaciones diluvianas y temporadas récord de huracanes.

Sin embargo, Biden enfrenta toda una serie de desafíos para implementar su agenda y movilizar a su país y al mundo en la lucha contra el cambio climático. EE. UU., segundo emisor de gases efecto invernadero en el planeta (después de China), tiene una de las industrias minero energéticas más poderosas, de la cual dependen millones de trabajadores.

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Por otro lado, el modelo económico del país está basado en su gran mayoría en la utilización del petróleo y gas. Además, la lucha del cambio climático es un asunto que también compete a los demás países del mundo, por lo cual las acciones coordinadas son primordiales.

Los desafíos

Es por eso que expertos consideran que el camino no será fácil para Biden. El profesor de la Universidad de Columbia André Corrêa d’Almeida, economista del desarrollo, explicó en diálogo con EL TIEMPO que el mandatario estadounidense tendrá tres frentes de batalla para su agenda medioambiental: la oposición del Partido Republicano, el ‘lobby’ de las industrias extractivas y la relación con China.

“A nivel nacional, el presidente Biden tendrá que trabajar con el Congreso (las órdenes ejecutivas no serán suficientes) y el sector privado para aprobar una nueva legislación que regule las emisiones de efecto invernadero para las industrias del automóvil, la energía y el petróleo y el gas. La atención no se centrará en la eliminación, sino en la innovación, ya que EE. UU. tratará de recalificar su fuerza laboral en torno a las energías renovables”, dijo Corrêa d’Almeida.

Sobre la generación de empleos, Biden argumentó que las mejoras en infraestructuras y tecnología para frenar el calentamiento global agregarán millones de empleos al país. Las acciones federales apuntarán a complementar un plan de infraestructura de 2 billones de dólares que se espera que el presidente presente al Congreso el próximo mes y que, según prometió este miércoles, servirán como motor del crecimiento económico futuro.

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El presidente Biden quiere establecer un proceso moderado que mueva al país hacia esa dirección, pero sin perjudicar la economía tradicional

Pero a sus propuestas ya le han salido férreos detractores que bloquearán las iniciativas que pasen al Congreso. “Según un estudio, la decisión sobre tierras federales nos dejará sin cerca de un millón de puestos de trabajo. Es una manera fantástica de dar inicio a una presidencia: despidos masivos de nuestros propios ciudadanos. Los estadounidenses que trabajan en otros sectores también pagarán”, dijo sobre este asunto Mitch McConnell, líder republicano en el Senado estadounidense.

Por su parte, el director ejecutivo del Instituto de Petróleo Estadounidense (API, en inglés), Mike Sommers, dijo en una llamada con las agencias internacionales que, pese a compartir con Biden el objetivo de luchar contra el cambio climático, la orden ejecutiva “no es nada más que una política para importar más crudo que debilitará el liderazgo energético de EE. UU., entorpecerá la recuperación económica y socavará la seguridad nacional”.

Ante la lluvia de críticas que se esperaba, Biden dijo al firmar los decretos que no va a prohibir el ‘fracking’ (fracturación hidráulica). “(…) Protegeremos los trabajos y los trabajos crecerán, incluyendo estándares más fuertes como controles a las filtraciones de metano”, aseguró.

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Carlos Arévalo, profesor de Derecho Internacional de la Universidad de La Sabana, consideró que el presidente de EE. UU. arrancó con unas políticas encaminadas a la reducción de la dependencia del gas y el petróleo, pero le faltan más dientes a las medidas para generar un cambio más sustancial.

“Biden fue prudente. Uno podría pensar que se quiere mostrar como un presidente verde, pero hay que esperar. Es en la efectividad de sus medidas donde uno puede ver si lo es realmente. Pero arranca queriendo mostrar a su gobierno como una administración verde”, añadió.

Por su parte, el politólogo Orlando Pérez, decano de la Facultad de Ciencias y Artes Liberales de la Universidad del Norte de Texas, le dijo a este diario que las medidas del demócrata podrían tener efectos en el país porque su aparato económico está afectado por la pandemia. “Los cambios en la producción de energía, por ejemplo, en la industria del carbón o petróleo pueden causar pérdidas de trabajos en una industria importante para algunos estados, como en Texas, Virginia del Oeste, Alaska. Y también puede incrementar el costo de la energía para el consumidor”, dijo.

Y agregó: “El presidente Biden quiere establecer un proceso moderado que mueva al país hacia esa dirección, pero sin perjudicar la economía tradicional. (…) El partido reconoce que no se puede ir muy rápido por los efectos de la pandemia, pero es difícil predecir qué va a pasar durante los próximos cuatro años”.

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De hecho, hay un ala más radical del Partido Demócrata, liderada por la legisladora Alexandria Ocasio-Cortez, quien impulsa el Green New Deal, una iniciativa que pide llevar a EE. UU. hacia la energía 100 por ciento limpia en los próximos 10 años.

Y aunque Biden por ahora está optando por una posición más moderada, sus medidas no terminarán aquí. No hay que perder de vista que, como informó ‘The New York Times’, Biden designó “el equipo más grande de expertos en cambio climático jamás reunido en la Casa Blanca”. Allí figuran veteranos de la política estadounidense como el exsecretario de Estado John Kerry, quien fue nombrado como enviado internacional para el clima, y la experta ambiental Gina McCarthy, quienes sin duda empujarán más cambios para el país.

Se espera, incluso, que EE. UU. anuncie durante la Cumbre de Líderes sobre el Clima que convocó para el 22 de abril objetivos más ambiciosos de reducción de emisiones contaminantes. “Biden tiene una gran oportunidad. Se trata de replantear el modelo de desarrollo. Lo que está realmente haciendo crisis es ese modelo de desarrollo capitalista que ha avasallado a la naturaleza, que la ha sometido. (Esta) es una oportunidad de liderazgo para Biden para reposicionar a su país en la agenda global”, dijo Dionne Cruz, politóloga y catedrática de la Universidad Javeriana.

Sin embargo, todo este esfuerzo y viraje en la política interna no tendría ningún sentido si no hay cooperación internacional y todos los países encaminan esfuerzos para reducir la contaminación, en especial con China, el principal emisor de gases efecto invernadero. “Si hay algo que hizo que las tribus y las naciones cooperaran de manera muy eficaz a lo largo de la historia, fue la percepción de un enemigo común. El cambio climático es el enemigo común del siglo XXI para Estados Unidos y China”, aseveró Corrêa d’Almeida.

Por su parte, Arévalo reconoce que Biden llega con una posición más conciliadora para dialogar con China. “El cambio climático será relevante para ellos (China) porque sufren sus consecuencias, en especial por la elevación del nivel del mar. Pero el medioambiente no es el primer punto en su agenda”, dijo.

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Sin embargo, Washington no lo tendrá fácil. China expresó su cautela en los últimos días de cooperar con la administración Biden. El portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, Zhao Lijian, dijo que ambos países tienen un espacio considerable para la colaboración en áreas como el cambio climático. Pero agregó que EE. UU. primero debe tener cuidado de no dañar los intereses de China.

Lo cierto es que en la nueva administración estadounidense hay un objetivo claro y que desde ya reconoce que el tiempo se agota para reversar los efectos del cambio climático. “Quedan nueve años para tomar decisiones que eviten las peores consecuencias de la crisis climática, entramos en una década decisiva para la acción”, puntualizó Kerry durante el Foro Económico de Davos.

CARLOS JOSÉ REYES*
Redacción Internacional
* Con información de agencias

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