El peligroso movimiento antivacunas que tomó auge durante la pandemia


Una avalancha de información sin precedentes sobre la pandemia emergió en internet y las redes sociales prácticamente desde el mismo momento que empezaron a conocerse, hace un año, los primeros casos de coronavirus en el mundo.

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“¿Qué estaba pasando y por qué?”, se preguntaban muchos. Ante las primeras incógnitas que surgieron, movimientos como el de los ‘antivacunas’ conspiró y promovió falsas teorías sin fundamento científico aprovechando lo que estaba ocurriendo.

Esa misma corriente utilizó la pandemia para revivir y posicionar sus cuestionados postulados y confundir a personas en todo el planeta.

“La mayoría de teorías conspirativas se difunden a nivel individual y lo hacen fácilmente porque son atractivas para las personas al ofrecerles una sensación de exclusividad que puede ser vista como una plataforma para sobresalir en una sociedad conformista”, le explicó a este diario el epidemiólogo Óscar Gómez, profesor de la Universidad Javeriana, sobre qué es lo que hay detrás del auge de estos movimientos mundiales.

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Las autoridades, incluso, se han trazado como objetivo luchar contra este flagelo de desinformación. De hecho, en el 2019 la Organización Mundial de la Salud (OMS), antes de declarar la crisis sanitaria mundial, ya había establecido como propósito frenar el auge de esta conspiración global.

‘La información incorrecta trunca vidas’

Y durante el año pasado, la misma OMS denunció un intento deliberado por difundir información errónea para socavar la respuesta de las autoridades de salud.

“La información incorrecta trunca vidas. Sin la confianza y la información correcta adecuadas, las pruebas diagnósticas se quedan sin utilizar, las campañas de inmunización (o de promoción de vacunas eficaces) no cumplirán sus metas y el virus seguirá medrando”, dijo esa agencia de la ONU, incluso refiriéndose a este fenómeno como ‘infodemia’ (o sobreabundancia de información sobre la pandemia).

Pero este movimiento ya ha captado a personas en todo el mundo. Durante todo el año pasado, principalmente después de mitad del 2020, el planeta vio cómo en todo el mundo miles de manifestantes marcharon en contra de las cuarentenas impuestas por los gobiernos.

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En los principales países del mundo (Estados Unidos, Alemania, Francia, España, Suiza y Brasil, por ejemplo) cientos de negacionistas y conspiranoicos del covid-19 se reunieron en las principales plazas públicas para promover la falsa idea que las vacunas iban a matar a miles y que a muchos otros les sería inoculado un chip para vigilarlos. Amparados bajo un falso dilema de libertad de expresión, y pese a no tener pruebas científicas contundentes, muchos de ellos salieron a las calles armados (como en Estados Unidos) o con símbolos nazis (caso alemán) para tratar de defender sus teorías.

‘Hay algunos estudios que han mostrado que, en un año en redes, en conjunto, el movimiento ‘antivacunas’ puede generar cerca de US $1.000 millones’

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Expertos coinciden que muchos de estos movimientos, además, tienen intereses para generar beneficios económicos aprovechando la desinformación y vulnerabilidad que atraviesa el planeta.

“El movimiento ‘antivacunas’ ha tomado mucha fuerza porque además de estas motivaciones individuales han aparecido grupos, difíciles de caracterizar porque no tienen una cabeza visible, pero que sí aprovechan la exposición de estas ideas a través de las TIC para generar beneficios económicos. Hay algunos estudios que han mostrado que, en un año en redes, en conjunto, el movimiento ‘antivacunas’ puede generar cerca de US $1.000 millones, basados en la atracción que estas ideas generan en millones de personas.”, explicó el epidemiólogo Óscar Gómez.

Pero lo cierto es que esta corriente ‘antivacunas’ no es nueva. Según recuerda la agencia Efe, la primera norma jurídica, la ‘British Vaccination Act’, se remonta a 1840 y pedía vacunar a los bebés británicos desde 1852. En esos años, a mediados del siglo XIX, se organizaron las primeras asociaciones de quienes se oponían a estos fármacos, y en 1898 la presión de la liga antivacunación logró que se admitiera una cláusula de objeción de conciencia para los padres.

Pero quizás el caso más recordado en los últimos años es el del médico Andrew Wakefield, en 1998. Él alertó sobre una relación entre el autismo y la vacuna contra el sarampión, paperas y rubéola. Años después, las autoridades determinaron que Wakefield falsificó datos y fue retirado del registro de médicos. Sin embargo, el daño estaba hecho y la imagen de Wakefield promovió el resurgimiento de movimientos ‘antivacunas’ durante el siglo XXI.

‘El problema es importante. Si la gente no se vacuna mantendremos el problema que estamos teniendo’

Y el riesgo hoy es más latente que nunca, precisamente en época de pandemia y cuando la vacunación es vista como la salida a la crisis. “El problema es importante. Si la gente no se vacuna mantendremos el problema que estamos teniendo. El sufrimiento y el problema que se ha generado por cuenta de la necesidad de estar guardados en las casas (…) El principal problema es que seguiremos teniendo esta pandemia si no logramos contenerla con la vacunación”, le comentó a este diario la viróloga Fernanda Gutiérrez.

Sin embargo, es importante seguir promoviendo la pedagogía y los argumentos científicos y técnicos que explican por qué la vacunación es segura. “Al ser de aceptación voluntaria (la vacunación), entre más se difundan las ideas ‘antivacunas’ y otras teorías conspirativas como la negación de la pandemia o la minimización del efecto de la infección por el virus y desarrollo de la enfermedad covid-19 en la salud de las personas, más difícil va a ser la aceptación de la vacunación”, agregó Gómez.

Como lo ha expuesto este diario en varios de sus artículos, aunque las vacunas contra el coronavirus son nuevas, el seguimiento que hacen las autoridades científicas es estricto y su uso es seguro para la ciudadanía. Agencias de todo el mundo, como el Centro para el Control de Prevención de Enfermedades (CDC), la Organización Mundial de la Salud y la Agencia Europea de Medicamentos (EMA) han publicado informes de seguridad sobre los diferentes tratamientos que hoy existen contra el virus.

REDACCIÓN INTERNACIONAL

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