Viaje del Papa a Irak es un parteaguas entre cristianos y musulmanes


Cuando Francisco aterrice en Bagdad este viernes hacia las 8 a. m., hora de Colombia, será el primer Papa en los dos mil años del cristianismo en llegar a la tierra donde nació Abraham (Ur), padre de tres religiones monoteístas –judaísmo, cristianismo e islam–.

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Muchos al recibirlo también recordarán a otro Francisco –de Asís–, quien hace ochocientos años, luego de su encuentro con el sultán de Egipto, Malik-el-Kamil, se abriría una rendija a la Orden de los Franciscanos para volver a Tierra Santa y ser los custodios de los lugares sagrados y últimos protectores de una fe perseguida y necesitada de esperanza.

Será, además, quince meses después de su último viaje apostólico y luego del año más doloroso y terrible de nuestra era, que ha puesto a prueba la fe, la ciencia y la capacidad de supervivencia colectiva de nuestra especie. Para el Papa, ha sido un tiempo para vocear sin descanso dos temas centrales que gravitan alrededor de la pandemia.

El primero, la Casa Común, sintetizado en su Encíclica Laudato Si’, de la responsabilidad humana en el cuidado del medio ambiente y en la protección de todos los seres vivos. Para el Papa, esta crisis no ha sido un castigo divino ni obra de un Dios vengativo, sino la consecuencia de un modelo de relacionarnos con la naturaleza, basado en su expoliación y abuso, y nos proponía en cambio apostar por otro estilo de vida, un desarrollo sostenible que incluyera una ecología de la vida cotidiana, un mayor esfuerzo a nivel de la política mundial, un diálogo de las religiones con las ciencias.

El segundo, la fraternidad, la había condensado en Fratelli Tutti y en uno de los más bellos textos que haya conocido, el Documento sobre la Fraternidad Humana, que firmó con el Gran Imán de Al-Azhar, Ahmad Al-Tayyeb, líder espiritual suní, el 4 de febrero de 2019.

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El Papa se reunirá con la máxima autoridad religiosa de una parte del islam chiita, el gran ayatolá Alí Sistani. El encuentro se dará en Nayaf, al sur de Bagdad, Irak.

Foto:

Ammar Salih. EFE

La idea de fraternidad el Papa la dibujó magistralmente en una frase: “Todos vamos en la misma barca”. Fraternidad es abrazar al que no es igual tanto como al propio, pero en especial al que sufre, al que habita en la periferia del dolor y la soledad. Estamos juntos o estamos perdidos.

Horas antes de su viaje, el santo padre enviaba un mensaje que guarda las claves del sentido que le da a este y que explica ese parteaguas en las relaciones entre cristianos y musulmanes: “Deseo tanto encontraros. Voy como peregrino de paz, en busca de la fraternidad, para pedir a Dios perdón y reconciliación tras años de guerras y terrorismo y el consuelo del corazón y la curación de las heridas”.

Veamos.

1. El Papa está formando una Iglesia católica del encuentro, una Iglesia que va donde se le necesita, allá donde están los débiles y los oprimidos, como los cristianos en el Medio Oriente. Es una Iglesia como él llama –en argentino– “en salida”, que no espera elegantemente en el diván de la sacristía la llegada de sus pacientes, sino que va a en su socorro, y con las botas puestas acude al lodazal de la vida para traer esperanza: cristianos perseguidos y asesinados como nunca antes en la historia, iglesias quemadas, sostenidos por una fe a donde ahora llega su Pastor.

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2. Va como peregrino de la paz, no como misionero de una fe. Va a dar ejemplo. Su misión no es la conversión religiosa de los musulmanes, sino enfatizar el diálogo, la comprensión y la tolerancia, la aceptación de quien es distinto. Hace pocos días, Francisco visitaba a una de las víctimas del Holocausto, la poetisa Edith Bruck, sobreviviente de la Shoa. Quería Francisco que quedara claro que la búsqueda de la fraternidad era una causa común también al judaísmo, pues “las religiones no incitan nunca a la guerra y no instan a sentimientos de odio, hostilidad, extremismo, ni invitan a la violencia o el derramamiento de sangre. Estas desgracias son fruto de la desviación de las enseñanzas religiosas, del uso político de las religiones…”.

En esta ocasión, Francisco se reunirá con el gran ayatolá, Sayyid Alí Husaini Al-Sistani, líder espiritual de los musulmanes de la mayoría chií en Irak, pero también influyente en Irán por su nacimiento y formación. Sistani ha sido un dique de contención a la reacción violenta frente a los ataques a los chiíes por extremistas suníes, que ha devastado Irak y Siria.

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Preparativos en Irak antes de la visita del Papa Francisco.

Foto:

Ammar Salih. EFE

3. Va buscando la fraternidad, y pedir perdón y reconciliación por las guerras, y así hallar consuelo en el corazón. Llegar sin blindajes a quien nos ha herido o hemos vulnerado, reconociendo que la paz interior habita en el perdón, aceptación de la fragilidad humana. Fraternidad es ir a quedarse en la casa de hermanos, hijos del mismo Dios, a decir que todo ser humano posee una dignidad inalienable como consecuencia de la naturaleza humana, no de un depositorio cultural, ni de la historia ni de la religión o la política, y nadie puede sentirse investido para violentarla. Reconciliación es convivir, con nuestros dolores y nuestras esperanzas.

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Son siglos de violencia que han alienado a muchas generaciones. Es una tarea aún más difícil cuando el concepto de diálogo es más afín a Occidente y las democracias modernas. Han corrido mucha sangre y sufrimiento que crean barreras invisibles.
Hace pocos días, en un orfanato que está en el Monte de los Olivos, en Jerusalén, a cargo de monjas polacas para niños musulmanes, una hermana le preguntó a una de las chiquitas: “¿Qué harías si llegan unos yihadistas a matarme, correrías o me protegerías?”. La niña la miró a los ojos amorosamente y le dijo: “Te mataría yo primero, para que no sufras”. Fuerte. Doloroso en la inocencia.

¿Un muro insuperable? No. Los seres humanos, una y otra vez, acorralados por una crisis, han tenido el valor de sobreponerse a lo peor de la condición humana. Han resistido. Nos hemos encontrado. Eso es lo que creyentes llamamos fe.

JORGE MARIO EASTMAN
Embajador de Colombia ante la Santa Sede

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