Siria: diez años de una guerra sin salida


“La guerra de Siria es la peor catástrofe provocada por el ser humano desde la Segunda Guerra Mundial. Siria se ha convertido en una verdadera cámara de tortura, un lugar de horror e injusticia absoluta”, aseguró en 2017 el entonces alto comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Zeid Ra’ad al Hussein.

(Lea aquí: EE. UU. sanciona al líder sirio Bashar al Asad y a su esposa)

Cuatro años después y al cumplirse una década del conflicto armado –que ha dejado más de 387.000 muertos desde el inicio de la guerra en 2011, aunque se estima que la cifra real es de más de medio millón (593.000), según datos del Observatorio Sirio para los Derechos Humanos (OSDH)–, el futuro de la situación en Siria tiene un punto en común: la guerra está lejos de terminar.

En 2011, el régimen de Bashar al Asad parecía desmoronarse, arrastrado por la ola de la Primavera Árabe que acabó con dictaduras en el poder desde hacía décadas. “Pero, a diferencia de lo que ocurrió en otros escenarios donde hubo una transición del poder, como en Egipto, Túnez o Libia, en Siria, contra todo pronóstico, el régimen se logró atornillar al poder al punto de llevar al país a un desangre catastrófico”, le dijo a EL TIEMPO Janiel Melamed, analista internacional y autor del libro Conflicto armado en Siria. Campo de batalla geopolítico por el Medio Oriente.

Otros seis millones de sirios podrían verse obligados a huir en la próxima década si la crisis continúa.

Diez años más tarde y tras una falsa victoria, Al Asad sigue en el poder, aunque al frente de un país en ruinas, ejerciendo una soberanía limitada en un territorio fragmentado por potencias extranjeras (ver gráfico) y sin ninguna perspectiva inmediata de reconstrucción o reconciliación.

“En Siria tenemos demasiados actores, y eso complica muchísimo más las cosas. No es un conflicto entre el Gobierno y la oposición, hay potencias como EE. UU. y Rusia, tenemos a unos invitados poco deseados como Irán y Turquía, que se suman a los múltiples movimientos guerrilleros extremistas, y dentro de todo eso se encuentra una población a la que todo el tema político le tiene sin cuidado. Eso nos da como resultado un conflicto muy sangriento”, afirma para este diario el periodista de guerra y analista Adrián Mac Liman.

(Le puede interesar: El presidente sirio Asad y su esposa resultan positivos para covid)

Precisamente, la sanguinaria represión del régimen a las manifestaciones pacíficas de 2011 detonó la expansión de una de las organizaciones más sanguinarias de la historia del yihadismo moderno, el grupo Estado Islámico (EI), que proclamó en 2014 un “califato” en las tierras de Siria e Irak.

“Esto marcó un hito. Y pese a que los hechos evolucionaron en una degradación del poder del EI en la zona, la amenaza continúa”, sostiene Melamed.

Militarizada, la revuelta se hizo más compleja con la adhesión de varios países extranjeros. “El conflicto armado en Siria atrajo muchos actores estatales que encontraron en la zona el cuadrilátero para plantear la consecución de sus propios objetivos, esto desencadenó que el conflicto hoy por hoy todavía continúe y, peor aún, que su fin no esté solamente en cabeza de los sirios, sino que dependa de muchos actores regionales”, añade el académico.

Dareen Khalifa, analista del conflicto sirio para el International Crisis Group, opina que el histórico apoyo ruso al régimen acentuó la tensión y fragmentó más al territorio. “El Gobierno, con el apoyo de Rusia, tiene la capacidad para generar control militar en áreas claves del territorio como Damasco o Alepo. El resto del país está controlado por otros actores como las tropas de Estados Unidos, Turquía o fuerzas rebeldes extremistas”, dice.

Y si bien las potencias, como EE. UU., insistieron en que el cruce de estas líneas rojas daría pie a una participación mucho más decidida en Siria, lo cierto es que esos límites se cruzaron “no una, sino más de una docena de veces a lo largo de estos años, con absoluta impunidad”, dice Khalifa.

(Lea aquí: Tras ataque de EE. UU. en Siria, proiraníes prometen represalias)

“El uso de armas químicas en el conflicto fue algo que no se veía desde que Sadam Husein las utilizó contra la población kurda al norte de Irak”, agrega Melamed.

Según Naciones Unidas, unos 13,4 millones de personas en Siria necesitan ayuda humanitaria para vivir.

Siria: 'informe de Amnistía Internacional es completamente falso'

El régimen del presidente sirio, Bashar al Asad, ha sido acusado de crímenes contra la humanidad.

Los intereses de Irán

Entre un colosal desangre, múltiples violaciones de los derechos humanos y la retirada de EE. UU. en 2013, cuando el entonces presidente Barack Obama renunció en el último minuto a los bombardeos, que esperaban muchos sirios, para hacer respetar su “línea roja”, aparece Irán con su poderosa intención de “consolidar su posición hegemónica en la región, en clave de resistencia a los intereses estadounidenses”.

“Irán no solo no ha dudado en enviar a sus propias tropas, sino que, adicionalmente, le ha conseguido una importante suma de créditos económicos al gobierno de Al Asad y ordenó la movilización de un actor delegado, como lo es Hezbolá, precisamente para defender la continuidad del régimen”, explica Melamed.

De hecho, según detalla el analista, Irán considera a Siria su provincia 35 (administrativamente, el país está dividido en 34), lo que revela el interés de control “debido a su posición estratégica en la región”. Y mientras su dirigencia político-religiosa alababa las revoluciones de la Primavera Árabe en Egipto, Libia y Túnez, por considerarlas semejantes al espíritu de la revolución iraní de 1979, en Siria la situación fue diametralmente opuesta. “En este caso, la dirigencia iraní calificó las manifestaciones contra el régimen como una conspiración liderada desde Occidente para causar inestabilidad”, señala Melamed.

(Le puede interesar: Reporte sobre Khashoggi impactaría relación de EE. UU. y Arabia Saudí)

El costo económico de diez años de guerra se estima en 1.200 billones de dólares, según la ONG World Vision.

Guta Oriental

El conflicto ha dejado más de 6 millones de sirios desplazados.

Foto:

AFP / Louai Beshara

Elecciones de papel

Según la ley electoral, entre abril y mayo de este año se deberán realizar las elecciones presidenciales en Siria, pero, “como la mayoría de los dictadores árabes, Al Asad no tiene ningún interés en ceder”, dice Mac Liman.

“Las elecciones en Siria demuestran que la democracia va mucho más allá de hacer comicios. En el momento en que Al Asad se convierte en presidente (2000), lo logra con casi el 98 por ciento de votos a favor, cerca de un récord perfecto solo superado por su padre, Hafez al Asad, que logró el 99,98 por ciento. Eso da una idea de que las elecciones en este país no son reflejo de transparencia”, señala por su parte Melamed.

Durante la guerra se han dado 38 ataques con armas químicas, según la ONU. De estos, 32 se atribuyen al régimen.

El drama humanitario

Mientras los enfrentamientos han menguado, la crisis migratoria se acentúa en medio de una pandemia. Con 5,6 millones de refugiados en el extranjero, principalmente en los países vecinos (Turquía, Líbano y Jordania), según la Agencia de la ONU para los Refugiados, y 6,7 millones de desplazados internos, esta es una de las caras más crudas del conflicto sirio.

(En otras noticias: Diez años de la Primavera Árabe: poderosa voz femenina en las calle)

“La comunidad internacional debería asumir que este es un conflicto demasiado largo, que implica a demasiadas facciones y lo único que tiene que hacer es tratar de mejorar las condiciones de vida de las personas desplazadas, pero la realidad es muy distante”, expresa Mac Liman.

Y es que a la crisis migratoria, la peor en Europa desde la Segunda Guerra Mundial, se suma una devastadora situación económica de la mayoría de sirios.

Según datos del OSDH, además de las 100.000 personas que siguen encarceladas hay unas 200.000 desaparecidas.

“Hay demasiada frustración por el deterioro de la situación económica de la mayoría de las personas. En medio de la pandemia, muchos tienen que movilizarse hasta por cinco horas para conseguir alimentos básicos, como pan, esto por supuesto aumenta los niveles de desnutrición, pero también las situaciones de extorsión”, señala Khalifa, y aclara que estos problemas económicos vienen desde antes de la guerra civil, por lo que, como Mac Lima, considera que la prioridad debería estar en suplir estas necesidades básicas.

“Tras décadas de corrupción e inequidad económica, intentar dejar de hacer miserable la vida de los sirios debería ser la prioridad en este momento”, afirma.
Lo peligroso es que estos primeros diez años de guerra parecen ser la antesala de otros diez más si no se toman medidas drásticas y, sobre todo, urgentes.

Pero, paradójicamente, esta decisión no depende ni siquiera del régimen de Bashar al Asad. La salida del conflicto está supeditada a los actores externos.

“El conflicto armado en Siria es un conflicto interdicto, esto se refiere a cuando una persona no tiene la capacidad de tomar decisiones por sí misma, por lo que requiere la tutela de otros. En ese sentido, la finalización del conflicto no radica únicamente en lo que se determine desde el Gobierno en Damasco”, comenta Melamed.

Justamente, el jueves los cancilleres de Rusia, Turquía y Catar sostuvieron un encuentro en el que acordaron respaldar el proceso político y humanitario en Siria, incluido el regreso “voluntario y pacífico” de los millones de refugiados y desplazados a sus hogares, al tiempo que afirmaron que coordinarán “la lucha contra el terrorismo”.

Probablemente, fijar los parámetros de una salida negociada de la guerra sea lo más conveniente para frenar la dura crisis migratoria, que se une a la económica y social. Pero lo cierto es que el fin del campo de batalla en el que se ha convertido Siria necesita de acciones más contundentes.

“Este conflicto se encuentra en medio de una agenda geopolítica de alta trascendencia regional, por lo que obtener finalmente las demandas que se plantearon al inicio de la guerra requerirá arduos esfuerzos que contrarresten no solo las aspiraciones de perdurar en el poder de Bashar al Asad, sino el fortalecimiento del eje de influencia que a través de Siria ha consolidado Irán”, agregó Melamed.

Y entretanto, millones de sirios claman por acabar con esta “pesadilla viviente”, como la describió esta semana el secretario general de la ONU, António Guterres, al cumplirse diez años del inicio de una guerra que sigue siendo igual de devastadora, a pesar de que ya no ocupe las portadas de los diarios.

STEPHANY ECHAVARRÍA NIÑO
SUBEDITORA DE INTERNACIONAL
EL TIEMPO
​En Twitter: @dulcitodemora

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *