¿Podrá avanzar pedido de Biden de prohibir armas de asalto en EE. UU.?


Una nueva masacre enluta a EE. UU. Ahmad Aliwi Alissa, un inmigrante de origen sirio, asesinó este lunes a sangre fría a 10 personas en un supermercado de Boulder, Colorado. Con este van siete tiroteos en la última semana en este país, en las que se han presentado múltiples víctimas. De acuerdo con las autoridades, no hay un claro hilo conductor entre ellas.

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Según allegados, Aliwi Alissa, de 21 años, sufría desde hace años de paranoia y fue objeto de matoneo en el colegio. En el caso de la masacre de Atlanta, fue un ataque contra la comunidad asiática y con claro tinte racista. Y en Houston, este sábado, el motivo al parecer fue una trifulca en un bar.

Pese a ello, todos los casos tienen un elemento en común: el fácil acceso a poderosas armas de fuego en EE. UU. Alissa, por ejemplo, utilizó una pistola modificada AR-15, arma letal más propia de campos de batalla.

Y como suele suceder tras estos incidentes, en el país ha comenzado a crecer la presión para que se restrinja la venta de ciertas armas de fuego y se tomen medidas para evitar que caigan en las manos equivocadas

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Todos los casos tienen un elemento en común: el fácil acceso a poderosas armas de fuego en EE.UU.

El presidente Joe Biden, casi de inmediato, dijo este mates que utilizará todo el peso de la Casa Blanca para empujar una serie de leyes que hacen curso en el Congreso. Entre ellas una que prohibiría la venta de rifles de asalto y otra que impondría una revisión universal de antecedentes previo a la venta de armas.

​“No tengo que esperar un minuto más para adoptar pasos de sentido común que salvarán vidas en el futuro. Este no es, no debe ser un asunto partidista. Esto es un tema estadounidense y que salvará vidas estadounidenses. Tenemos que actuar”, dijo el presidente tras enumerar varios de ellos.

Sobre el papel son pasos que podría dar dado que los demócratas controlan actualmente tanto la Cámara como el Senado. Pero como han aprendido otros presidentes antes que él, se trata de un tema muy polémico, con un alto contenido tanto político como económico. Y que pasa por la llamada segunda enmienda de la Constitución, donde se garantiza a los ciudadanos el derecho a portar armas.

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Joe Biden

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden.

Foto:

Oliver Contreras. Efe

Biden, de hecho, ya había atravesado por un momento similar durante sus años como ‘vice’ del presidente Barack Obama. En diciembre de 2012, cuando la dupla acababa de ser reelegida para otros cuatro años se presentó una de las masacres más dolorosas en la historia del país. Adam Lanza, un joven de 20 años, asesinó a 26 personas, entre ellas 20 niños que asistían a la escuela elemental Sandy Hook, en Newtown, Connecticut.

Obama y Biden se emplearon a fondo, aprovechando el profundo impacto que causó en el país. Y si bien varias leyes avanzaron en el Congreso, al final la poderosa Asociación Nacional del Rifle (NRA), que financia muchas campañas de legisladores, logró bloquear todos los esfuerzos.

Y por eso pocos creen que en esta ocasión las cosas cambiarán. De hecho, el mismo Biden evitó mencionar el tema del control de armas la semana pasada tras los ataques en Georgia. Pero tras la seguidilla de tiroteos, era inevitable que tomara una posición.

Varios exasesores de Obama creen que el nuevo presidente está en una mejor posición para lograr reformas significativas. En parte porque la NRA está debilitada y ha perdido influencia en los próximos años. Pero todos reconocen que para lograrlo tendría que invertir una enorme cantidad de capital político que actualmente pensaba dedicar a temas como la inmigración, el medioambiente, la infraestructura y el covid, que son sus máximas prioridades.

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Además, su poder en el Legislativo es moderado. Especialmente en el Senado, donde los demócratas tienen 50 de 100 asientos y varios de ellos los ocupan legisladores de estados conservadores donde el derecho al porte de armas es muy popular.

Si bien la Cámara de Representantes ya aprobó dos proyectos de ley para extender la revisión de antecedentes y prohibir los rifles de asalto, están estancados en el Senado, donde no hay votos suficientes para aprobarlos. Es viable que los recientes tiroteos eleven la presión.

La Cámara alta, de hecho, ya tiene previstas audiencias la semana entrante para discutir el tema. Pero la historia, de momento, ha demostrado que suele ser un esfuerzo que rara vez produce resultados.

SERGIO GÓMEZ MASERI
CORRESPONSAL DE EL TIEMPO
WASHINGTON
En Twitter: @sergom68

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