Finlandia y Suecia, en la Otán: ¿qué significa para la guerra?

Ni la guerra de Corea ni la Guerra Fría, conflictos de gran envergadura internacional, fueron suficientes motivos para movilizar a Finlandia y a Suecia, países que habían mantenido una neutralidad por más de ocho décadas, a estar tan cerca de unirse a la Otán (Organización del Tratado del Atlántico Norte). 

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No obstante, luego de la llamada operación militar especial de Rusia sobre Ucrania, lanzada el 24 de febrero, parece inminente el ingreso de ambos países nórdicos al organismo, pues esta semana dieron pasos seguros para ratificar este hecho, el cual fue criticado por el Kremlin y sus aliados, pero celebrado por el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, y por los países de Europa Occidental, así como por EE. UU. 

La Otán, la alianza militar internacional de la que actualmente hacen parte 30 Estados, busca que sus países miembros cuenten con una defensa colectiva en caso de ser atacados por un externo. Y ante la petición de los países nórdicos, dijo estar dispuesta a agilizar su adhesión, dado el contexto. 

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El jueves, el presidente finlandés, Sauli Niinistö, y su primera ministra anunciaron su interés de convertirse en Estado miembro de la Alianza. Como era de esperarse, la noticia no cayó bien para Rusia. En especial porque luego de las declaraciones finlandesas, el camino para que Suecia opte por la misma decisión parece cuestión de tiempo. El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, dijo que la acción sería una amenaza y que “una nueva ampliación de la Otán no hace más estable ni más seguro el continente”. 

La Otán, la alianza militar internacional de la que actualmente hacen parte 30 Estados, busca que sus países miembros cuenten con una defensa colectiva en caso de ser atacados por un externo.

Precisamente ayer, el presidente finlandés informó a su homólogo Vladimir Putin de la inminente candidatura de su país a la Otán, un paso que el dirigente ruso calificó de “error”. 

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En la misma línea, en un anuncio que intentaba ser más intimidante, el ministerio de Relaciones Exteriores ruso manifestó que su país “se verá obligado a adoptar medidas de respuesta tanto técnico-militares como de otra clase para contrarrestar las amenazas que han surgido para su seguridad nacional”. Entre esas medidas está el corte de electricidad del operador ruso InterRAO, a través de su filial RAO Nordic, que entró en vigor desde ayer. 

¿Invasión a Finlandia?

Expertos sostienen, sin embargo, que la ofensiva de Rusia no terminaría allí. Carmen Claudín, investigadora asociada sénior del Cidob (Barcelona Centre for International Affairs), le dijo a EL TIEMPO que nada se puede descartar, ni siquiera una hipotética invasión a Finlandia, país con el que comparte cerca de 1.400 km de frontera. 

“No lo veo posible, al menos en corto o mediano plazo. Pero teniendo en cuenta quién está sentado en el Kremlin y quién está tomando las decisiones, ahora nada es descartable”, analizó la experta. 

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Claudín precisa que ni la Alianza ni ningún otro país de Europa representan una amenaza para Rusia. Por el contrario, “se trata de un constructo que necesitan para poder justificar sus acciones a través de un enemigo. No hay peligros militares para Rusia”, sostuvo.

Se trata de un constructo que necesitan para poder justificar sus acciones a través de un enemigo. No hay peligros militares para Rusia.

En una movida esperada por expertos y analistas, el viernes, el Parlamento de Suecia dio un paso más en su interés de adherirse a la Otán, por medio de un informe en el que se concluye que la entrada al organismo reduciría las probabilidades de un ataque ruso. Incluso, según el documento, su unión al tratado serviría como elemento disuasorio. 

“Suecia carecería de las garantías de seguridad que brinda la membresía en la Otán, lo que potencialmente podría estar asociado con un menor riesgo de acciones rusas unilaterales contra el territorio sueco”, dice el documento. 

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Ante los avances de ambos países en pro de la Alianza, la Casa Blanca informó que el presidente Joe Biden mantuvo una llamada con el presidente finlandés y con la primera ministra sueca, Magdalena Andersson, en la que conversaron de la incorporación a la Otán.  

Compartimos nuestra profunda preocupación por la invasión rusa en Ucrania. Repasé los próximos pasos de Finlandia hacia la membresía en la Otán”, dijo Niinistö.
Y mientras se espera que Suecia tome una decisión similar en los próximos días, la acción también fue rechazada por el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, que hace parte de la Alianza desde 1952. 

Nicolás de Pedro, investigador sénior del Institute for Statecraft de Londres, explica que “los países pueden expresar su oposición, pues la Otán funciona por un consenso y todos deben ratificar una adhesión”. Pero agrega: “Es seguro que se va a producir esta incorporación, no hay ninguna duda. Turquía solo quiere hacer una contraparte, pero no se anticipa un bloqueo de la organización”. 

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Es seguro que se va a producir esta incorporación, no hay ninguna duda. Turquía solo quiere hacer una contraparte, pero no se anticipa un bloqueo de la organización.

Ante un inminente ingreso de Finlandia y Suecia a la Otán, el mundo se cuestiona si este aparente ‘triunfo’ para Occidente cambiaría el curso de la guerra, que justo hoy cumple 80 días. 

Para Claudín, no habría un cambio significativo en el terreno, pues insiste en que la Otán no representa una amenaza directa para Rusia. Por el contrario, las medidas que están tomando Helsinki y Estocolmo serían meramente de defensa. 

“La situación no cambiará de manera sustancial. Lo que está haciendo la Otán es reforzar su capacidad defensiva, y no ofensiva. En este momento, al no haber una confrontación directa, no va a cambiar mucho la política del Kremlin”, menciona la investigadora. 

Por su parte, De Pedro expone que el paso más probable de Rusia en las próximas semanas, más allá de las sanciones energéticas y de petróleo en Europa, será utilizar sus redes de influencia que lleva construyendo por décadas, incluso desde la era soviética. “Además de la extrema izquierda, que proviene de partidos comunistas, Rusia también ha ido forjando lazos en los últimos 15 años con la extrema derecha xenófoba a lo largo y ancho de Europa, en la que los servicios de inteligencia rusos han construido una red bien engrasada”, apuntó. 

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Sugiere que esta influencia extraoficial que mantiene Rusia con países del continente la usará para agitar políticamente el debate interno entre países, especialmente con amenazas como la posibilidad de una tercera guerra mundial apalancada en la amenaza nuclear. 

Respuesta europea 

En lo que sí coinciden los analistas es en que el Kremlin no se esperaba una respuesta europea tan firme y ágil, pues, históricamente, el bloque no ha actuado de esa manera para defender a países del este, que aún mantienen una gran incidencia rusa. De hecho, Ucrania ya había sido víctima de una invasión rusa en 2014, que desembocó en la anexión ilegal de la región de Crimea. Sin embargo, a pesar del rechazo generalizado a la acción, Europa no trabajó de manera directa en la defensa de la soberanía ucraniana. 

“En 2014, la respuesta europea fue prácticamente inexistente, en parte porque el continente no entendió lo que estaba pasando”, aclaró De Pedro. Entonces, ¿qué cambió en esta ocasión? Al contrario de lo que sucedió hace ocho años, el bloque europeo “se despertó de golpe” a la posibilidad de que se instalen guerras de gran escala, que podría implicar que Rusia tome la decisión de invadir a otro país vecino.

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El miedo generalizado de que el conflicto pueda expandirse a Estados occidentales generó que Finlandia y Suecia dieran el salto hacia la Otán, que por demás estaba en picada y que ahora se ve revitalizada gracias a la unión política, diplomática y estratégica contra Rusia. 

“Son países potentes y económicamente desarrollados. La política de defensa en Suecia no es lo más prioritario, pero Finlandia, por su historia, está militarmente preparado, con una capacidad importante para intervenir si fuera necesario”, resume Claudín al confirmar que, para que esto sea una realidad, solo hace falta la presentación de una solicitud formal a la Alianza, lo que podría darse en cuestión de días. 

DIEGO STACEY  SALAZAR 
Redacción Internacional – EL TIEMPO
En Twitter: @diego_stacey

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