Watergate: la historia del taxista que se convirtió en un espía de Nixon

El escándalo político más relevante de la historia occidental, el Watergate, cumple 50 años, por lo que el Washington Post, diario que publicó la historia de las escuchas que hizo el presidente Richard Nixon al partido demócrata para ganar las elecciones de 1972, publicó una nueva historia concerniente a un personaje del que no se conoce mayor cosa pero que ayudó a Nixon en su propósito.

(Ingrese al especial: Watergate: 50 años del escándalo que tumbó a un presidente)

Se trata de Elmer Wyatt, un hombre que para la década de los setenta trabajaba como taxista, pero que, gracias a un amigo suyo, se convirtió en espía para la campaña republicana.

¿Cómo llegó al cargo?

En 1971, Wyatt sufrió de un derrame cerebral que lo dejó inhabilitado por seis semanas en su trabajo como taxista, por lo que le solicitó ayuda a su amigo John Buckley, un exagente del FBI, para conseguir un trabajo de medio tiempo.

(Además: Uno a uno, estos fueron los personajes claves del escándalo Watergate)

Buckley, que trabajaba en la división de inspección de la Oficina Federal de Oportunidades Económicas y era conocido como ‘Fat Jack’, sí tenía un trabajo para Wyatt, tras darse cuenta del acceso especial que tienen los conductores a las campañas políticas.

Fue así que le dijo a Wyatt que se presentara como voluntario a la campaña del senador demócrata Edmund Muskie, el político al que más le temía Nixon de cara a las presidenciales.

El taxista aceptó sin pensarlo porque ganaría dinero fácil.

(Vea también: Trump: ¿en qué se parecen el asalto al Capitolio y el Watergate de Nixon?)

Un plan fallido

Wyatt entró sin mayor problema a la campaña de Muskie como mensajero, aunque a su familia le pareció extraño su repentino apoyo a los demócratas.

«Nunca pude entender por qué mi padre se ofrecía como voluntario para Muskie, porque éramos republicanos», dijo la hija de Wyatt, Verona Scott, al Post.

(Le interesa: ¿Qué es el escándalo Watergate que cumple 50 años?)

El trabajo era el siguiente: el taxista debía recoger documentos para llevarlos a la oficina del senador en el Capitolio. En el camino, ‘Fat Jack’ se subía al automóvil para fotografiar los archivos mientras Wyatt conducía.

Las fotos, sin embargo, no resultaban de buena calidad, entonces Buckley alquiló una oficina y un ampliador de fotografías, a la vez que una mejor cámara. Luego, se llevaba la película a su casa y entregaba los documentos revelados a Kenneth Rietz, un funcionario del Comité para la Reelección del Presidente (Creep).

(Lea: Watergate: la historia del taxista que se convirtió en un espía de Nixon)

Watergate
Foto:

Archivo EL TIEMPO

El descubrimiento

Gracias al Watergate ahora puedo hacer un día de trabajo, 7 días a la semana.

El plan seguía sin resultar, pues Reitz no llegaba a tiempo y pronto fue reemplazado por un hombre llamado «Ed Warren», que era solo un apodo para E. Howard Hunt, el exagente de la CIA detenido en junio de 1972 por haber sido el autor intelectual del robo de la sede del Comité Nacional Demócrata, hecho que estalló el ‘Watergate’.

Tanto Buckley como Wyatt se vieron obligados a testificar en 1973. El primero aseguró no recordar el contenido de los documentos, más allá de discursos y comunicados de prensa. Por su parte, el taxista sostuvo que no sabía de los actos criminales en los que se había visto envuelto, solo dos meses luego de aceptar el trabajo.

(No deje de leer: ¿Quién fue ‘Garganta profunda’, espía clave en el caso Watergate?)

Las declaraciones

Buckley y Wyatt finalizaron sus pesquisas en abril de 1972, luego de que Muskie se retiró de la campaña presidencial. Un año después, el taxista fue llamado a declarar dos veces ante el comité investigador del Congreso. La primera vez mintió y dijo que no estaba implicado. No obstante, la segunda vez reveló lo que sabía.

«Gracias al Watergate ahora puedo hacer un día de trabajo, 7 días a la semana», señaló en una audiencia. El conductor estaba haciendo cerca de 175 dólares por una labor de pocas horas.

‘Fat Jack’, a su vez, le explicó a los senadores que no realizaron ninguna actividad ilegal, aunque si admitió haber hecho «espionaje político».

(Le puede interesar: Watergate: el mayor escándalo de Estados Unidos, a través del cine y la TV)

A pesar de las declaraciones, ninguno de los dos fue acusado de ningún delito durante este escándalo, así que Wyatt regresó a su trabajo como taxista y falleció manejando el carro número 108, su número de la suerte.

«Para ser un taxista, llevó una vida muy interesante», concluyó Scott al diario.

REDACCIÓN INTERNACIONAL

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.