Grupo Wagner: cuando una sola letra hace la diferencia

Los cuatro hermanos Warner —Harry, Albert, Sam y Jack— fundaron la Warner hace casi 100 años, en 1923, que hoy día opera en cine, televisión y videojuegos. La empresa se ha convertido en uno de los principales estudios de cinematografía de Estados Unidos. La bautizaron como Warner Bros (Brothers) en honor a los cuatro hermanos fundadores de la compañía.

La Warner en la actualidad es, además, miembro de la Motion Picture Association of America (MPAA), entidad industrial creada hace un siglo para velar por los intereses de los estudios cinematográficos y que se define como “la voz de la industria global del cine y la televisión” y como motor de la economía creativa tanto en el mundo como en América Latina.

Algunos de los miembros de la MPAA son: Walt Disney Studios Motion Pictures; Netflix Studios, LLC; Paramount Pictures Corporation; Sony Pictures Entertainment Inc.; Universal City Studios LLC y Warner Bros. Entertainment Inc.

Pero otra cosa muy distinta es el Wagner, con ‘g’, un grupo creado, casi con un siglo de atraso, en 2014 y que, aunque también hace películas de acción, es definido como una organización paramilitar de origen ruso que opera como una empresa militar privada que actúa en 30 países del mundo en cuatro continentes, especialmente en África; República Centroafricana, Siria, Sudán y Ucrania.

El diario ‘The New York Times’ definió al Grupo Wagner como “… una nebulosa red que combina la fuerza militar con intereses comerciales y estratégicos y que ahora está a la vanguardia de la expansión de las ambiciones rusas en África”.

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Una nebulosa red que combina la fuerza militar con intereses comerciales y estratégicos y que ahora está a la vanguardia de la expansión de las ambiciones rusas en África

Lo acusó puntualmente, además, de haber participado en las guerras de Mali, República Centroafricana, Mozambique y Libia y de aliarse a líderes con problemas y comandantes de milicias “que pueden pagar por sus servicios en efectivo o con lucrativas concesiones mineras de metales preciosos como el oro, los diamantes y el uranio”.

Además, lo acusan de ser mucho más que un simple esquema de intercambio de armas por oro, pues opera a través de “una extensa red de empresas fachada (…). Se ha convertido en sinónimo de operaciones de amplio espectro apoyadas por el Kremlin en más de una decena de países africanos”.

El diario afirmó que Wagner se inmiscuye en política. Apoya autócratas, impulsa campañas de propaganda digital, distribuye comida a los pobres y produce películas de acción que se desarrollan en África.

El Kremlin ha negado cualquier vínculo con el Grupo Wagner, pero funcionarios norteamericanos y europeos y expertos militares lo han calificado en varias oportunidades como una herramienta oficial de su poderío que permite al presidente Vladimir Putin extender su alcance frente a las sanciones occidentales tras la guerra en Ucrania.

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Grupos como Wagner se han convertido en “una herramienta vital con la que Rusia expande su influencia en el mundo al tiempo que defiende sus intereses. Actualmente hay presencia de mercenarios rusos en, por lo menos, 30 países de cuatro continentes”, afirma en una nota la publicación digital argentina ‘Infobae’.

¿En América Latina?

En Venezuela y en Chile se ha mencionado la eventual presencia de los mercenarios de Wagner, pero es difícil confirmar esa y otras informaciones regionales al respecto.

Algunos admiten que podría haber estado presente en las violentas revueltas sociales de Bolivia, Colombia, Chile y Perú entre 2019-2021. “Se sabe que hubo gente paga para destruir y causar caos y pánico, pero difícil saber el origen”, le dijo a EL TIEMPO un analista militar que pidió no ser identificado.

En enero de 2019, la agencia inglesa de noticias Reuters informó, apoyándose en varias fuentes, que contratistas militares rusos habrían viajado a Venezuela para reforzar la seguridad de Nicolás Maduro, amenazada por las protestas de la oposición. Venezuela ha sido un aliado de Rusia que, a su vez, ha apoyado el régimen de Maduro con miles de millones de dólares en ayudas y en préstamos en los años recientes.

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En marzo de 2020, la agencia privada de noticias de España, Europa Press, divulgó otra información desde Madrid en la que afirmaba, respaldada en declaraciones del cónsul ruso en Minsk, Kiril Pletnev, que mercenarios del Grupo Wagner, detenidos en Bielorrusia, se dirigían a América Latina.

“El 25 de julio debían volar de Minsk a Estambul y de ahí a un tercer país. Su destino final era un Estado latinoamericano”, dijo Pletnev al canal ruso Rossiya 1.

El Wagner es considerado como una de las organizaciones más secretas de Rusia, pero se estima que al menos ha contratado a unas 10.000 personas para diversas actividades en la última década. Sin embargo, ninguno de esos datos se puede comprobar oficialmente.

Extraoficialmente se explica que el grupo está conformado por “una red de empresas y milicias privadas, integrada por mercenarios que actúan de forma clandestina”, pero el Kremlin no lo reconoce, porque en Rusia es ilegal y se castiga con 16 años de prisión a mercenarios.

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Son útiles para el Kremlin, pues les permite hacer una ‘negación plausible’; es decir, cometer acciones sin que repercutan en el Estado ruso y así poder negarlo

Aunque el grupo opera en la clandestinidad y funciona como una especie de sociedad secreta, su actuación es un grito a voces. El analista en temas militares Frank Matías Bueno explicó a France 24 recientemente que “en el caso de Rusia, los mercenarios se han convertido en una herramienta para proyectar su poder” y que fueron empleados por primera vez en Ucrania en 2014.

“Son útiles para el Kremlin, pues les permite hacer una ‘negación plausible’; es decir, cometer acciones sin que repercutan en el Estado ruso y así poder negarlo”, pues el uso de mercenarios está prohibido por el derecho internacional, explicó.

El Wagner surgió en 2014 durante la anexión rusa de Crimea y estaría financiado por Yevgeny Prigozhin, un empresario ruso y socio cercano a Vladimir Putin al que el Gobierno de Estados Unidos ha identificado como el ‘chef de Putin’ debido a su negocio de banquetes con el que ha organizado diversos eventos de Estado para el mandatario.

Pero se cree que el fundador de Wagner es Dimitri Velenévich Utkin, un teniente coronel que sirvió en las fuerzas especiales rusas y que en algunas publicaciones se apunta como de tendencia neonazi.

Estados Unidos impuso sanciones en su contra como cabeza del Grupo Wagner en 2017 y, dos años después, el Consejo de la Unión Europea les impuso restricciones a Utkin y a otros sujetos acusados de hacer parte de la organización.

En marzo de este año, el Reino Unido anunció sanciones contra 59 personas y empresas rusas y seis de Bielorrusia por la sangrienta invasión a Ucrania, liderada por Putin en abril. Entre las empresas estaban el grupo privado de servicios militares Wagner y Altrosa, el gigante ruso de diamantes.

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Naciones Unidas, como organismo defensor de los derechos humanos, ha acusado en varias ocasiones al Grupo Wagner de atacar y torturar civiles, realizar ejecuciones masivas y saquear propiedades privadas en zonas de conflicto.

‘The New York Times’ afirma que el organismo no solo participa en guerras, sino que también extrae diamantes, propaga desinformación y respalda autócratas para incrementar la influencia de Rusia en África. Igualmente, que a los mercenarios se les contrata para combatir en algunos de los conflictos más antiguos de ese continente.

Extraoficialmente se afirma que el Grupo Wagner no controla a su personal directamente, sino que hace contratos temporales a operarios especializados.

“Los candidatos pasan exámenes físicos y se someten a una revisión de sus habilidades y experiencia antes de comenzar un periodo de entrenamiento en unas instalaciones en las cercanías de Krasnodar, al suroeste de Rusia. Tras esa fase, se envía al personal al extranjero. Si los operarios mueren en acción, es poco probable que sus cadáveres sean repatriados”, se afirma en publicaciones en la red.

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Por todo lo anterior, el nombre Wagner no proviene de sus fundadores, como en el caso de Warner Bros., sino que, curiosamente, se inspiró en el compositor Richard Wagner, que era el músico favorito del Hitler.

Además, las sagas de películas como ‘Harry Potter’ o ‘El señor de los anillos’, de la Warner, nada tienen que ver con Wagner, con ‘g’.

Mucho menos con ingenuos dibujos animados como Bugs Bunny, el Pato Lucas, Porky, Speedy Gonzales, Silvestre y Piolín o el Coyote y el Correcaminos, algunos de los personajes de Warner más reconocidos en el mundo.

Wagner, en cambio, es, según precisó la BBC de Londres, “el nombre de un grupo de mercenarios rusos que lleva a cabo operaciones en todo el mundo, desde acciones en el frente en Siria hasta la vigilancia de minas de diamantes en la República Centroafricana. Se mueve en el secretismo y eso hace difícil seguir sus actividades”.

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GLORIA HELENA REY
Para El Tiempo
@GloriaHelenaRey

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