El presidente ruso Vladimir Putin junto a ojivas nucleares. Foto:Russia presidencial press
Con el último gran acuerdo de desarme muerto, las dos potencias comenzarán a moverse en un orden estratégico cada vez más incierto y sin reglas claras. ¿Cuáles serán las consecuencias inmediatas y qué puede pasar con otras naciones con ambiciones nucleares como China y Corea del Norte?
En setiembre del año pasado, el presidente ruso, Vladimir Putin, propuso a Estados Unidos la prolongación por un año de los límites contemplados por el tratado. Pero su homólogo Donald Trump no respondió de manera directa y formal a la propuesta.
En realidad, Trump ha dado a entender que no firmará un nuevo START sin la participación de China.
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Y este miércoles, el secretario de Estado, Marco Rubio, confirmó que Trump cree que cualquier acuerdo nuclear con Rusia debería incluir a China.
Por su parte, Rusia considera inecesaria la participación del gigante asiático pues, “los amigos chinos mantienen que su potencial nuclear no es comparable con el de EE. UU. y Rusia. Y por eso no quieren participar en las negociaciones”, dijo este jueves Dmitri Peskov, portavoz presidencial, en su rueda de prensa telefónica diaria.
El pasado 8 de enero, en una entrevista con el diario The New York Times le preguntaron a Trump sobre el START III y este respondió: “Si expira, pues que expire… Simplemente haremos un acuerdo mejor”.
¿Qué es el START III y qué implica?
El START III fue firmado en Praga en 2010 por el entonces presidente estadounidense Barack Obama y su par ruso Dmitri Medvedev, y entró en vigor en el 2011. En su punto principal establece un máximo de 1.550 ojivas nucleares desplegadas para cada país. Cabe precisar que el número total de ojivas que posee cada potencia es superior a ese límite.
Además, START III remarca que el número de misiles balísticos intercontinentales (ICBM), misiles balísticos lanzados desde submarinos (SLBM) y bombarderos pesados desplegados para misiones nucleares debe ser de 700 para cada país.
El START III era vigente por 10 años, con la posibilidad de una única prórroga de hasta 5 años. Foto:iStock
Mientras que el número de lanzadores de ICBM, lanzadores de SLBM y bombarderos, desplegados y no desplegados, queda en 800 para cada una de las potencias.
¿Cómo se llegó a ese punto? Si repasamos la historia, se puede establecer que el SALT (Strategic Arms Limitation Talks) fue el primer gran esfuerzo de control de armas nucleares entre Estados Unidos y la Unión Soviética, y es el antecedente más remoto y directo de los tratados START.
El SALT fue clave porque introdujo la idea de que la estabilidad nuclear se logra limitando arsenales, no ampliándolos. Reconoció explícamente la lógica de la destrucción mutua asegurada. Y creó los primeros mecanismos de verificación, aunque todavía limitados.
En 1991, el START I marcó la primera gran reducción de arsenales tras la Guerra Fría y estableció una estricta verificación. Fue firmado por George H. W. Bush y Mijaíl Gorbachov.
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Posteriormente, el START II (1993), acordado por Bill Clinton y Boris Yeltsin, prohibía los misiles balísticos intercontinentales con ojivas múltiples (MIRVs). Aunque fue ratificado, nunca entró plenamente en vigor por las tensiones entre Rusia y Estados Unidos.
En el 2002 se firmó el Tratado de Moscú, que estableció límites más laxos, pero sin mecanismos de verificación sólidos.
En cuanto al START III, fue concebido con una vigencia inicial de diez años, con la posibilidad de una única prórroga de hasta cinco años.
Esa extensión se activó en febrero del 2021, lo que llevó su fecha de expiración definitiva al 5 de febrero del 2026. El texto no contempla nuevas renovaciones: una vez vencido, solo un acuerdo completamente nuevo podría reemplazarlo.
En este punto, cabe remarcar que desde febrero del 2023 Rusia suspendió su participación en el tratado debido a la guerra en Ucrania, aunque sin denunciarlo de manera formal. Desde entonces, quedaron paralizadas las inspecciones mutuas, debilitando uno de los principales mecanismos de verificación del equilibrio nuclear.
El fin del tratado nuclear entre EE. UU. y Rusia supone el deterioro del orden de seguridad global. Foto:iStock.
El START era un tratado en el que todos ganan
Para el analista internacional Roberto Heimovits, la falta de un acuerdo que reemplace al START III envía una señal clara de deterioro del orden de seguridad global.
“El START es un tratado win-win, que beneficia a ambas partes”, sostiene Heimovits a El Comercio, al recordar que su origen se remonta a la lógica de la Guerra Fría, cuando Washington y Moscú comprendieron que “ya no tenía sentido seguir aumentando el número de cabezas nucleares, misiles, bombarderos o proyectiles lanzados desde submarinos”.
Según el analista, el equilibrio nuclear se basó durante décadas en una premisa clave: la capacidad de segundo golpe, es decir, la certeza de que un ataque nuclear inicial sería respondido con una represalia devastadora.
“Cada país sabía que, aun si lanzaba un ataque sorpresa, iba a ser destruido completamente minutos después por la capacidad de represalia del adversario”, explica.
Por su parte, Irma Argüello, presidente de la Fundación No Proliferación para la Seguridad Global (NPSGLOBAL), manifiesta que no se trata solo del final de un acuerdo específico, sino de una señal mucho más profunda: la incapacidad de las grandes potencias para sostener mínimos de cooperación incluso en el terreno más sensible del sistema internacional.
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“No es solo la caída de un tratado. Es una señal estructural de que hoy ni siquiera en el núcleo del control de los arsenales estratégicos se logra previsibilidad”, advierte Argüello a El Comercio.
Según la especialista, el mensaje de fondo es inquietante: la disuasión nuclear vuelve a ocupar un lugar central en las doctrinas de seguridad, desplazando definitivamente el ideal del desarme que emergió tras el fin de la Guerra Fría.
“Se termina el sueño post-Guerra Fría del desarme nuclear. La idea de que el mundo avanzaría de manera lineal hacia arsenales cada vez más reducidos ya no se corresponde con la realidad”, enfatiza.
Argüello explica que “el equilibrio nuclear global ya venía cambiando incluso con New START en vigor. El tratado fue diseñado para un mundo esencialmente bilateral, centrado en la relación estratégica entre Estados Unidos y Rusia, pero ese ya no es el mundo en el que vivimos. Hoy el escenario es crecientemente multipolar, con actores como China expandiendo y modernizando sus capacidades, y con tecnologías emergentes que transforman la forma en que se piensa la disuasión”.
La inteligencia artificial puede cambiar el desarrollo de armas nucleares. Foto:iStock
No es solo la caída de un tratado. Es una señal estructural de que hoy ni siquiera en el núcleo del control de los arsenales estratégicos se logra previsibilidad
Entre esos cambios enumera el desarrollo de armas hipersónicas, capacidades cibernéticas, inteligencia artificial aplicada al comando y control, y sistemas de doble uso que difuminan la frontera entre lo convencional y lo nuclear.
Lo más preocupante, subraya, no es que un tratado heredado del siglo XX haya quedado corto, sino que su expiración no esté acompañada por ningún marco alternativo.
“Con el fin del New START se pierde el último esquema que aportaba límites verificables y previsibilidad entre las dos mayores potencias nucleares. El resultado es un equilibrio más opaco, más incierto y, por definición, más riesgoso”, alerta.
El riesgo de una nueva carrera armamentista
La desaparición de los límites impuestos por el START III puede, advierte Heimovits, reactivar una lógica de competencia armamentista que se creía superada.
“Si se rompen los límites y uno de los dos empieza a desplegar más misiles, más submarinos, más bombarderos y más cabezas nucleares, podría aparecer la tentación de lanzar un ataque sorpresa”, señala.
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Lo más preocupante no es que un tratado heredado del siglo XX haya quedado corto, sino que su expiración no esté acompañada por ningún marco alternativo.
Ese escenario, subraya, no solo es más peligroso, sino también más inestable. “Seguir construyendo armas nucleares no tiene sentido: es costoso y profundamente desestabilizador para el equilibrio nuclear”, afirma.
Aunque a primera vista podría parecer lo contrario, Heimovits considera que Rusia podría verse relativamente favorecida por un mundo sin límites nucleares.
Hacer un acuerdo de desarme entre ambas potencias nucleares Foto:iStock
“Las armas nucleares, aunque caras, en promedio son más baratas que mantener un gran ejército convencional”, explica. En ese ámbito, añade, “Rusia, que es un país mucho más pobre que Estados Unidos, podría verse tentada a compensar esa desventaja ampliando su arsenal nuclear”.
Argüello no cree que sea inevitable una carrera armamentista cuantitativa inmediata, pero advierte sobre una intensificación clara de la competencia estratégica.
“Prácticamente todas las potencias nucleares están modernizando sus arsenales: incorporan nuevos vectores, mayor precisión, mayor capacidad de penetración y, en muchos casos, mayor poder letal. En varios casos, además, esa modernización viene acompañada de incrementos en número”, sostiene.
Aun así, remarca, existen frenos reales: costos presupuestarios, límites industriales y cálculos estratégicos.
“El riesgo inmediato no es una explosión súbita en los números, sino un entorno donde todos planifican sin asumir límites vinculantes”, resalta Argüello.
El efecto dominó: China y Corea del Norte
Más allá de la relación bilateral entre Washington y Moscú, la no renovación del START III puede tener consecuencias globales. En el caso de Corea del Norte, Heimovits considera que el impacto es limitado: “Para Pyongyang, las armas nucleares son un seguro de vida para el régimen, y los tratados internacionales les importan poco o nada”.
Distinto es el caso de China. Según el analista, Pekín podría interpretar la caída del tratado como una señal para acelerar su propio rearme.
“Cuando eventualmente sea invitada a negociar, no lo hará desde 600 ojivas, sino desde más, y dirá: ‘este es el nivel y aquí nos quedamos’”, advierte.
Argüello manifiesta que China aparece como el caso más visible de expansión acelerada, aunque aún por debajo de los niveles de Estados Unidos y Rusia. A esto se suma la incorporación de inteligencia artificial y sistemas ultra sofisticados a las estructuras nucleares existentes.
Fotografías que muestran la dimensión de las detonaciones Hiroshima y Nagasaki. Foto:AFP
“En el caso de China, el factor clave es que su modernización y expansión nuclear se vuelve aún más relevante en un mundo donde el control de armas deja de ser estrictamente bilateral. Si el tablero es multipolar, los futuros esquemas de límites y transparencia deberían reflejar esa realidad, pero hoy no hay señales claras de que eso esté al alcance”, dice.
En cuanto a Corea del Norte, Argüello explica que “el efecto es distinto: un régimen que ya opera fuera de las reglas tiende a leer estos vacíos como evidencia de que la disuasión nuclear sigue siendo una moneda de poder y supervivencia”.
Agrega que en conjunto, el riesgo es que la expiración de New START contribuya a un clima internacional con más justificación política para expandir capacidades y con menos presión efectiva para sostener límites.
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En el caso de China, el factor clave es que su modernización y expansión nuclear se vuelve aún más relevante en un mundo donde el control de armas deja de ser estrictamente bilateral.
El silencio de Washington frente al START III
Argüello destaca un gesto relevante de Moscú: la disposición del Kremlin a respetar de manera voluntaria, por un año, los límites del New START y a explorar un marco futuro.
“Si Washington aceptara esa extensión transitoria sería una señal positiva, aunque mínima. De lo contrario, Rusia podría quedar mejor posicionada en términos narrativos, mostrando voluntad de contención frente a la inacción estadounidense”, sostiene.
Heimovist cuestiona la falta de iniciativa del presidente Trump para impulsar un nuevo acuerdo.
“Un nuevo START también es del interés de Estados Unidos”, manifiesta, al recordar que el actual equilibrio nuclear beneficia a Washington gracias a su superioridad en fuerzas convencionales.
Donald Trump restó importancia a que expire el START III y apostó por un nuevo acuerdo. Foto:EFE
“Si los arsenales nucleares se mantienen en los niveles actuales, Estados Unidos sale ganando”, afirma. Por eso, reconoce que “no se entiende bien por qué Trump no avanza en esa dirección”, salvo por una posible falta de voluntad política de ambas partes.
Para Heimovits, uno de los elementos más llamativos es que Estados Unidos cuenta hoy con una herramienta de presión clave sobre Rusia: la guerra en Ucrania. “Trump podría amenazar con reanudar el envío masivo de armamento a Ucrania como mecanismo de presión para forzar un acuerdo”, sostiene.
Sin embargo, concluye, “no está usando esa palanca, y por eso resulta difícil entender por qué no se mueve con más decisión hacia un nuevo tratado de desarme”.
Roger Zuzunaga Ruiz – GDA El Comercio
