Estos dos resultados aparentemente antagónicos, en realidad, cuentan la misma historia: tras el terremoto político en el estado de Sajonia-Anhalt, el pasado 6 de septiembre, donde la AfD rozó la mayoría absoluta con un 43,8 por ciento de los sufragios, los 3,8 millones de electores que acudieron a las urnas hace una semana confirmaron, con una participación en fuerte aumento, que Alemania quiere dar vuelta página, aunque sin que emerja un consenso sobre el rumbo a seguir.
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En Berlín, la victoria de Die Linke se debe en gran medida a su cabeza de lista, Elif Eralp, de 45 años, cuya campaña, inspirada en la de Zohran Mamdani en Nueva York y centrada en la crisis de la vivienda y el poder adquisitivo, permitió al partido casi duplicar su resultado de 2023. El partido de extrema izquierda perfila una coalición de gobierno con la socialdemocracia (SPD) y los Verdes, lo que supondría que la ciudad sería gobernada por primera vez en su historia por la izquierda radical, un giro simbólico de gran importancia en un momento en que la cuestión migratoria domina el debate público en el resto de Alemania.
El éxito de Elif Eralp no está exento de sombras para su propio partido: desde 2024, Die Linke ha visto la llegada de una nueva generación de militantes radicalizados por el conflicto en Gaza, al punto de que varios cuadros históricos dimitieron denunciando un aumento del antisemitismo en las filas del partido, especialmente en el distrito berlinés de Neukölln. Una paradoja que Eralp deberá gestionar ahora desde el ayuntamiento.
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En el estado de Mecklemburgo-Pomerania Occidental se ha producido un escenario inverso, pero igualmente espectacular: la AfD superó al SPD por un estrecho margen, con un 37,8 por ciento frente al 36,3 por ciento, lo que supone más del doble de su resultado de 2021 (16,7 por ciento). Pese a la delantera de la AfD, en la capital, Schwerin, se espera la formación de una coalición liderada por el SPD junto a Die Linke (que obtuvo 6,2 por ciento) y Los Verdes (5,5 por ciento), manteniendo por ahora la promesa del Brandmauer, ese cordón sanitario que aísla a la AfD de cualquier participación en los gobiernos locales, regionales y nacional, a pesar de los resultados obtenidos.
Ulrich Siegmund, líder del partido Alternativa para Alemania (AfD) en Sajonia-Anhalt. Foto:EFE
El golpe de realidad
En todo caso, para el partido gobernante, la Unión Democrática Cristiana (CDU) del canciller Friedrich Merz, no hay motivos de alegría en ninguna parte. Con el resultado de Berlín, no obstante lograr la segunda votación, la CDU perdería la Alcaldía, hoy en manos de Kai Wegner. Y en Mecklemburgo-Pomerania Occidental, el naufragio es total: con un 4,9 por ciento —por debajo del umbral del 5 por ciento—, el partido se quedó sin asiento en el Parlamento regional. Esta es su peor derrota electoral desde su fundación en 1945.
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“Es un desastre”, reconoció el propio canciller, quien canceló de inmediato su viaje de esta semana a Nueva York para la Asamblea General de la ONU para convocar de urgencia a la cúpula de su partido. Este doble revés regional se suma a una crisis interna ya avanzada en el seno de la CDU, sacudida este verano por una remezón ministerial caótico y por dirigentes locales que, ya en julio, hablaban abiertamente de “la crisis más profunda” en los 81 años de historia del partido.
La pregunta que domina ahora en Berlín ya no es si Friedrich Merz sobrevivirá políticamente, sino cuánto tiempo. “El canciller no llegará al final del año”, predijo Leif-Erik Holm, el candidato de AfD en Mecklemburgo-Pomerania Occidental.
Merz, canciller; Siegmund; copresidente del partido AfD; y Alice Weidel, líder del partido AfD Foto:EFE
Los rumores de Kanzlerwechsel, un cambio de canciller, que ya circulaban desde el golpe electoral en Sajonia-Anhalt no han hecho más que intensificarse. La posición de Merz nunca había parecido tan precaria tras su llegada al poder en mayo de 2025. Hoy su partido se prepara para tener que gestionar, en dos estados federados, el inicio de negociaciones para coaliciones que lo excluirán casi por completo del poder regional.
Haciendo buena cara a la mala fortuna, Merz prometió continuar las reformas a pesar de la derrota. “Deben llevarse a cabo (…). Asumo esa responsabilidad porque quiero hacer avanzar a nuestro país”, declaró, descartando de facto su dimisión tras días de especulaciones.
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Más allá del destino individual del canciller, todo el tablero político tradicional alemán es el que tambalea. El SPD (socio de coalición de Merz), aunque pudo evitar por poco que la AfD tomara el poder en el noreste, se desmorona en Berlín, donde el resultado electoral enmascara un declive estructural. Los Verdes, por su parte, se mantienen sin progresar, atrapados entre dos dinámicas de radicalización que no les pertenecen.
En cuanto a la AfD, incluso privada de una vía inmediata al gobierno debido al Brandmauer, ha liderado o rozado la cabeza en dos procesos electorales regionales consecutivos en apenas dos semanas, alcanzando un nivel de normalización electoral inédito. En Sajonia-Anhalt, donde el partido estuvo a un paso de obtener la mayoría absoluta, su cabeza de lista, Ulrich Siegmund, afirmó mantener “discusiones intensas” con representantes de otras fuerzas, incluida la CDU, para intentar formar antes de fin de año lo que sería el primer gobierno regional dirigido por la extrema derecha en Alemania desde 1945: una prueba de fuego para el dique que, en otros lugares, sigue resistiendo.
Luisa Corradini
La Nación (Argentina)
Corresponsal en Francia
París
Europa observa
Las elecciones regionales del 6 y 20 de septiembre en Alemania han sido observadas con detalle en toda Europa, especialmente en países como España, Italia, Francia y Polonia, donde el próximo año celebrarán comicios y las formaciones extremistas parten con posiciones de fuerza en los sondeos.
En ese contexto, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, alertó sobre los partidos ultranacionalistas y antieuropeos, a los que acusó de amenazar la cohesión del bloque.
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. Foto:AFP
La preocupación es justificada: Alemania no es solo la principal economía, sino que ha jugado un papel de muro de contención sobre los movimientos nacionalistas. Una dolorosa lección aprendida tras la Segunda Guerra Mundial.
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“La estabilidad y la previsibilidad políticas siempre han sido pilares fundamentales de la democracia alemana de posguerra, tanto antes como después de la reunificación en 1990”, escribió el exvicecanciller alemán, Joschka Fischer.
La estabilidad y la previsibilidad políticas siempre han sido pilares fundamentales de la democracia alemana de posguerra, tanto antes como después de la reunificación en 1990
Joschka FischerExvicecanciller alemán.
Frente a la pregunta de hacia dónde se dirige la principal economía de la región, Fischer propone dos visiones que se observan desde afuera del país: “Ya no hay seguridad de si Alemania continuará firmemente integrada con Europa y la Otán, o si, una vez más, seguirá un rumbo nacional propio”.
Así las cosas, hay opiniones encontradas frente a los resultados electorales. Por ejemplo, el Vox (España) celebró los logros de AfD, mientras que el gobierno francés ve con nerviosismo lo ocurrido. “Es un momento grave”, dijo el ministro de Asuntos Europeos.
Redacción Domingo
