La noticia del arresto del diplomático colombo estadounidense Manuel Rocha tras ser acusado de ser un agente al servicio del gobierno cubano a lo largo de un periodo de más de 40 años, cayó como una bomba en el Departamento de Estado de Estados Unidos.
EL TIEMPO habló con al menos una decena de funcionarios que lo conocieron a lo largo de su extensa carrera en esta dependencia y, entre todos, la idea de que Rocha fuera un espía al servicio del régimen cubano sonó como algo más propio de una novela de John le Carré que un hecho real.
Especialmente entre funcionarios, embajadores y exembajadores que se consideran “latinoamericanistas” y que conocieron personalmente a Rocha a lo largo de su carrera.
Para algunos, simplemente era un colega de trabajo que conocieron a lo largo de sus carreras y al que consideraban de reputación intachable. Para otros, Rocha fue hasta amigo y mentor.
Entre ellos, el ex embajador de EE. UU. en Panamá John Feeley (2015 y 2018). Feeley, de hecho, trabajó directamente bajo las órdenes de Rocha y le atribuye la promoción inicial de su carrera en el servicio exterior y su llegada a Colombia a mediados de los 90 cuando su vida diplomática estaba apenas comenzando.
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Víctor Manuel Rocha durante su periodo como embajador en Bolivia.
En sus casi 30 años en el servicio exterior, Feeley, que llegó a ser subsecretario de Estado asistente para el Hemisferio Occidental, ocupó numerosos cargos en el Departamento de Estado que lo mantuvieron cerca a Rocha a lo largo de las décadas.
Y, una vez ambos se retiraron de la vida diplomática, su relación continuó en Miami, ciudad donde coincidieron hasta hace algunos años.
De allí lo mayúscula de su sorpresa cuando se enteró el lunes que había sido arrestado y acusado de ser un agente al servicio del régimen cubano por más de cuatro décadas.
“Manuel Rocha fue mi mentor, un excelente jefe que me ayudó. Jamás imaginé que estaba en eso”, dice Feeley en entrevista con este diario al señalar que lo que más le aterra es ver cómo Rocha, una vez ambos retirados del servicio diplomártico, se vendía como un furibundo trumpista. Todo un contrasentido si se tiene en cuenta, por la evidencia que presentó la Fiscalía, que defendía al comunismo.
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Victor Rocha.
Archivo particular
“Mirándolo en retrospectiva, era la coartada perfecta”, dice el ex embajador.
Una coartada que también, al parecer, usaba en su vida diaria en la Florida, donde residía. De hecho, Rocha apoyó la campaña de la representante a la Cámara del partido republicano y de origen cubano María Elvira Salazar, una anticastrista declarada.
En la última campaña, cuando ganó su curul al Congreso, Rocha la apoyó con 750 dólares que ahora Salazar ha dicho que devolverá.
-¿Cuándo conoció a Manuel Rocha y cómo caracterizaría su relación con él?
Manuel Rocha fue mi mentor, mi jefe en Santo Domingo, República Dominicana, cuando coincidimos en esa representación diplomática a comienzos de los años 90. Fue un excelente jefe, me ayudó y me protegió, y de hecho fue el que me ayudó a conseguir el puesto en la embajada de Bogotá unos años después y donde comenzó esa gran relación que tuvo con Colombia a lo largo de los años. Después, desde el 93, no volvimos a trabajar juntos, pero mantuvimos una amistad de 30 años.

El exembajador de EE. UU. en Panamá John Feeley.
Wilson Center
-¿Qué tan conocido era Rocha en el Departamento de Estado y cuál era su reputación?
Era bastante conocido entre los “latinoamericanistas” del departamento de Estado. A través de los años su fama fue la de una persona que iba a llegar muy lejos en su carrera profesional. Se tenía mucha confianza y era inteligente.
¿Cómo fue esa amistad que dice mantuvo por más de 30 años?
Nos mantuvimos en contacto. Nos seguimos cruzando en periodos de la vida. En el 2018, cuando yo vivía en Miami, él vivía a dos cuadras de mi casa y salíamos a comer. Pero, cuando (Rocha) se retiró del servicio exterior comenzó a mostrar otra faceta de su personalidad.
¿De qué forma?
Me sorprendió mucho que se había vuelto un trumpista de siete suelas y criticó mi decisión de abandonar el servicio exterior cuando llegó Donald Trump a la presidencia (y comenzó a deshojar el Departamento de Estado) porque alegaba que debíamos ser apolíticos. Era una postura que no le conocía.
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También en la época de Barack Obama cuando se restablecieron las relaciones con Cuba fue muy crítico de esos acercamientos. Manuel se había convertido en un anticastrista de la línea dura. Una de las reglas tácitas del servicio exterior es no hacer evidente las posiciones personales. En su caso, dejó de hacerlo. Después de 2018 no nos volvimos a ver. No pasó nada horrible, solo dos personas que creían en cosas diferentes.

Victor Manuel Rocha, diplomático acusado de espionaje.
Archivo particular
-¿Recuerda algo más que le llamara la atención de su personalidad?
Lo que recuerdo también es que hablaba mucho de dinero. Otra de esas reglas tácitas entre los ex funcionarios es que uno no habla de esos temas. El entendimiento es que si uno tiene una buena carrera te va a ir bien, pero no para ser rico. Manuel quería ser rico. Por eso, cuando salió la noticia (de su arresto), lo primero que yo pensé fue: claro, lo tenían en la nómina y le pagaban. Pero mi shock fue total al mirar las evidencias que tienen en su contra, pues muestran a una persona que creía en la revolución cubana y, al parecer, espió por convicción.
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Para mí, eso fue una sorpresa y una decepción tremenda. Sobre todo, porque la imagen que proyectaba era totalmente la contraria. No quiero ni pensar en todo el daño que pudo hacer a lo largo de esos años.
-¿Pero, hubo algo a lo largo de los años de relación con Rocha que le indicara que algo como esto estaba sucediendo?
Nada. En esos 30 años o más desde que lo conocí nunca me dio el más mínimo indicio de que algo como esto estaba pasando.
Manuel Rocha, un espía sorpresa para muchos diplomáticos
De acuerdo con Kevin Whitaker, ex embajador en Colombia entre el 2014 y 2019 y funcionario de carrera en el Departamento de Estado, Rocha era una figura reconocida entre sus pares y con buena reputación.
“Aunque nunca trabajé para él o con él, si lo conocí. Tenía reputación de ser una persona extremadamente inteligente y bien hablada y por ser alguien que ascendió muy rápido. Trabajó en la Casa Blanca de Bill Clinton, en el Consejo de Seguridad, y se convirtió en Jefe de Misión (o DCM, que es el segundo cargo de más alto rango en una embajada) en solo 15 años en el servicio”, le dijo Whitaker a este diario.
Otra de las funcionarias que lo conoció fue Judith Bryan, que trabajó en la Oficina de Intereses de EE. UU. en la Habana, cuando Rocha era un alto diplomático en esa misma dependencia. “Ni en mis sueños más locos me habría imaginado que algo así estaba pasando”, afirmó Bryan.
SERGIO GÓMEZ MASERI
Corresponsal de EL TIEMPO
Washington
En X @sergom68
