El altar destruido, un sinnúmero de escombros a su alrededor, mobiliario inservible, ventanas rotas, cenizas y grandes huecos en el techo. Ese fue el rastro de un poderoso misil que alcanzó la Catedral de la Transfiguración, ubicada en el centro histórico de Odesa, ciudad de Ucrania declarada como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Del panorama desolador fue testigo el colombiano Pedro Cantor, quien ha sorprendido a los locales porque “no estaba allá echando bala” en una guerra ajena contra Rusia. Estaba allí siguiendo un sueño como ingeniero civil especializado en patrimonio.
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El ‘ingeniero historiador’
Cantor está orgulloso del camino que ha recorrido a sus 36 años. Con una mamá abogada y un papá conductor de carga, se crio en Bogotá con raíces boyacenses en las que la changua, el envuelto y la almojábana no faltaron. Conoce gran parte de Colombia gracias al camión en el que acompañó a su papá por extensas rutas.
Pedro Cantor junto a sus padres.
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“Él me pagó la universidad a punta de su trabajo. La gente no me creía que era camionero y que yo estudiaba en Los Andes”, asegura para EL TIEMPO. “Era divertido porque el papá de una amiga fue presidente de Pacific Rubiales y yo le decía a ella que el mío era camionero en el Pacífico”.
Quiso ser historiador, pero se inclinó por la ingeniería. Aunque al ver que no le gustaban mucho “la gerencia, los pavimentos, las vías”, buscó la historia para diferenciarse como ingeniero de patrimonio: “Ahora trabajo con cosas muy viejas. Cuando tengo que analizar una edificación vieja, primero tengo que leer la historia. Estoy haciendo algo que me apasionaba antes, complementándolo con la ingeniería”.
Una vez graduado, se enfocó en hacer estudios de edificios antiguos, como el Batallón de Reclutamiento y el Museo de la Policía en Bogotá. Su trabajo se expandió cuando migró a Portugal al ganarse una beca para una maestría en, por supuesto, su gran misión: Análisis Estructural de Monumentos y Construcciones Históricas.
Allá no se quedó quieto. Con su amigo y socio Christiam Angel, creó una empresa a través de la cual ha canalizado distintos proyectos, por ejemplo, la consultoría para la conservación de decenas de casas en Países Bajos.
Pedro Cantor junto a su socio y amigo Christiam Angel (izquierda).
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Un viaje a la guerra
Paré automáticamente todo lo que estaba haciendo. No le dije a nadie, sabía que mi mamá se iba a oponer si le contaba
Ucrania se le atravesó en el camino en julio de 2023. Por un grupo de WhatsApp, una compañera de India que había conocido durante la maestría preguntó a quién le interesaría viajar a Europa del Este para analizar edificaciones parcial o totalmente destruidas por la guerra con Rusia. A Cantor, para aquel momento, el conflicto le era distante.
“Envié mi portafolio. Y luego me llamaron. ‘En dos semanas necesitamos un ingeniero en Ucrania’, dijeron”, recuerda el colombiano. La llamada se la hizo un funcionario del Centro Internacional de Estudios de Conservación y Restauración de los Bienes Culturales (ICCROM), entidad paralela a la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).
“Acepté. Paré automáticamente todo lo que estaba haciendo. No le dije a nadie, sabía que mi mamá se iba a oponer si le contaba. Tomando café con unos amigos en Lisboa, me despedí. Les dije que nos veríamos en un mes. Todos preguntaron ‘¿qué? y ‘¿cómo así?’”.
Sentado en el avión a punto de despegar, llamó a Colombia. No podía ocultarlo.
—Me voy para Ucrania —fue la frase que escuchó su mamá.
— ¡No! ¿Usted se va a ir a pelear a la guerra? —contestó.
En un mar de lágrimas, ella trató de entender las explicaciones de su hijo. “El esposo de mi mamá fue quien la calmó porque le señaló que podía ser para mí una oportunidad profesional muy grande. Él no falló en su, llamémosla así, profecía”.
El colombiano trabaja en el análisis de estructuras patrimoniales en Ucrania.
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Aterrizó en Polonia. Como no hay vuelos comerciales hacia Ucrania, debió tomar un tren. Sería un trayecto de unas 14 horas hasta la capital Kiev, pero una nueva llamada cambió los planes.
“De la Unesco, necesitaban un ingeniero estructural en la ciudad de Odesa para hacer el análisis de la Catedral porque la habían bombardeado. Yo viajaba con las directoras de ICCROM y la Unesco, me sentía como una hormiguita”, recuerda en charla con este diario.
“El único que tenemos es él”, dijo una de las cabezas de esas organizaciones y le hizo la pregunta que esperaba: “¿Quiere ir a Odesa?”. Cantor dio el sí con un “hágale”.
El análisis y refuerzo estructural en Ucrania
La Catedral de la Transfiguración resultó afectada por un ataque con misiles rusos perpetrado en el centro histórico de la ciudad, durante el 23 de julio de 2023. La potencia del armamento provocó devastación.
Ataque a la Catedral de Transfiguración en Odesa, Ucrania.
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Fue el segundo episodio contra la iglesia ortodoxa más importante de la ciudad portuaria. El primero ocurrió en 1936 cuando había sido destrozada y solo hasta la caída de la Unión Soviética y la independencia de Ucrania, en la década de 1990, sus habitantes la reconstruyeron.
Ahora, parte de su estructura volvía a ser escombros. La Unesco condenó el asalto contra un lugar declarado Patrimonio de la Humanidad, afirmando que “la destrucción intencional de sitios culturales puede constituir un crimen de guerra”.
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Siempre piensan que soy mercenario. No, yo estoy reforzando edificios, haciendo otro tipo de trabajo
El trabajo del ingeniero colombiano ha consistido en identificar los daños de dichos espacios y generar informes con recomendaciones que les sirven a las autoridades para plantear restauraciones o evitar un colapso total. Además, capacita a expertos locales en términos de primeros auxilios estructurales, con el fin de evitar mayores tragedias.
Pedro Cantor junto a un equipo de expertos. De fondo, la Catedral de la Transfiguración de Odesa, tras ataque ruso.
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“Primero, hay que revisar el área para que no haya explosivos. Si usted detecta algo, debe avisar y se suspende la operación hasta que limpien el terreno. Segundo, una vez sabemos que el terreno está limpio, hacemos una inspección de seguridad. Si es seguro, entramos a hacer una inspección visual. Tan pronto conocemos los daños, se procede a hacer un reforzamiento temporal”, describe Cantor, mientras atiende la entrevista con EL TIEMPO desde una casa en Kiev.
Su labor continúa luego con aparatos especializados para determinar las condiciones de las estructuras. Esos datos los comparte con su equipo de ingenieros colombianos y portugueses para desarrollar modelos avanzados en computador. “Y, finalmente, producimos unos reportes en los que le decimos a la Unesco en cuál condición de daño está ese edificio y qué se debe hacer”.
El ingeniero Pedro Cantor al lado de Chiara Dezzi Bardeschi, directora de la Unesco en Ucrania.
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Puede que se lea breve, pero es todo un proceso que se extiende por semanas para preservar el inmueble patrimonial. Eso mismo trata de explicarles a los colombianos que se ha topado en suelo ucraniano.
“Siempre me preguntan ‘¿usted dónde está echando bala?’. Siempre piensan que soy mercenario. No, yo estoy reforzando edificios, haciendo otro tipo de trabajo. Se sorprenden porque piensan que todos los colombianos vienen a pelear”.
No en vano cuando pasa los puestos migratorios de países como Moldavia le revisan la maleta y “le sacan hasta el último par de medias” para saber si lleva armas, solo porque presentó el pasaporte de Colombia.
El ingeniero colombiano Pedro Cantor ha trabajado en Ucrania desde julio de 2023.
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A sus coterráneos mercenarios los ha encontrado en trenes: “En la ciudad de Ternópil, dos me vieron con mis rasgos hispanoamericanos y me comenzaron a contar su historia, que les iban a pagar, que les prometían esta vida y la otra. Ellos sabían a lo que iban. También me encontré a dos chicos costeños en Lviv; estaban más perdidos. Los llevé hasta donde iban y les ayudé a descargar el traductor en el celular para que se pudieran comunicar al menos”.
Para Cantor, algunos pueden “pensar que eso es ir a dar bala como en las películas” y se estrellan “con la guerra de verdad”.
Los que él ha visto son solo unos pocos de los que están en el campo de batalla en Ucrania. “Van 51 muertos y se calcula que son 200 colombianos más en combate y siguen llegando”, dijo en junio el embajador de Colombia en Reino Unido, Roy Barreras.
Trabajar en medio de una guerra
“Lo que esperamos es que se acabe esta guerra para poder trabajar en paz”. Ese es el deseo del ingeniero, quien ha visto caer misiles a 60 metros de distancia y ha constatado lo que denomina la “furia de la gente” al saber que los ataques han acabado con vidas de civiles.
“Hace unos días, cayó un misil en un hospital de niños en Kiev. Yo estaba cerca y escuché la furia. Una cosa es escuchar un bombardeo y los lamentos de la gente. Pero, con el hospital, la gente no estaba asustada, sino enfurecida. Eso me pareció impactante”.
Ataque al hospital infantil Okhmadyt en Kiev.
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Lo que esperamos es que se acabe esta guerra para poder trabajar en paz
Dos personas murieron y otras siete quedaron heridas por el misil en el hospital infantil Okhmatdy. Se sumaron a los 11.284 muertos y 22.594 heridos civiles desde que comenzó la invasión rusa en febrero de 2022, señalan cifras con corte al 30 de junio de 2024 de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos.
One year ago, the Historic Centre of #Odesa, a World Heritage site, was hit by Russian missiles, damaging over 50 historical buildings.@UNESCO condemned this attack and is actively supporting recovery efforts.
We remain committed to safeguarding 🇺🇦 Ukraine’s cultural heritage. pic.twitter.com/fPGZR6GUbd
— UNESCO Kyiv (@unesco_kyiv) July 23, 2024
A la par, la Unesco contabiliza el daño de 431 sitios culturales: 138 espacios religiosos, 214 edificios de interés histórico y/o artístico, 31 museos, 32 monumentos, 15 bibliotecas y un archivo. Cantor y su equipo han analizado 52 de estas edificaciones, como el Teatro de Chernihiv y la Universidad Nacional Agraria de Lviv. Eso sí, enfatiza que la joya de la corona es la Catedral de la Transfiguración en Odesa, a la que se unirá la Catedral de Santa Sofía en Kiev, la cual se preparan para estudiar.
El ingeniero colombiano Pedro Cantor.
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“Le he dicho a mi equipo de trabajo que llegamos a donde siempre soñamos”, comenta. “Ucrania nos dio una visibilidad. Dejamos de ser las hormiguitas y pasamos a ser los expertos que están haciendo cosas grandes”.
Se siente como si estuviera viviendo la película ‘Operación Monumento’ (‘The Monuments Men’, en inglés), en la que un grupo de especialistas rescata obras artísticas robadas durante la Segunda Guerra Mundial.
El ingeniero Pedro Cantor en Ucrania.
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En la realidad, su mamá, novia y demás familiares y amigos lo esperan. Planea continuar viajando entre Portugal y Ucrania hasta que la labor lo requiera. Sabe que su papá, quien murió en 2021, estaría orgulloso, “pero tratando de sacarme de aquí”.
SEBASTIÁN GARCÍA C.
Periodista de Redacción Últimas Noticias
garcas@eltiempo.com
