El alborozo con que el presidente Nicolás Maduro celebró la firma, el 17 de octubre en Barbados, del acuerdo de su autoritario régimen con la opositora Plataforma Unitaria Democrática, para celebrar elecciones presidenciales en el segundo semestre del año entrante, alimentó las inquietudes sobre un texto demasiado vago que, por ahora, solo le sirve a quien muchos consideran un dictador.
“¡Que viva el pueblo!”, dijo Maduro en cadena televisiva a las pocas horas de la firma. “Victoria, victoria”, agregó, a propósito de los llamados acuerdos parciales que llevaron al gobierno de Joe Biden a levantar, de manera temporal y limitada, algunas de las muchas sanciones económicas impuestas contra un gobierno que lleva años dedicado a encarcelar opositores, impedir que los candidatos antichavistas más fuertes participen en las elecciones y asfixiar a los medios de comunicación independientes.
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El vocero de la opositora Plataforma Unitaria Democrática, Gerardo Blyde, expresó cierto optimismo al valorar lo firmado tras 24 meses de negociaciones varias veces interrumpidas: “En estos dos años hemos insistido en buscar soluciones consensuadas –dijo–. Hoy podemos confirmar que esa lucha ha dado su primer paso para la ruta electoral con condiciones que permitan el cambio político”, explicó.
Blyde insistió en hablar de un “primer paso” para avanzar en un “cronograma electoral equitativo”, la observación internacional del proceso y la actualización del censo electoral para que puedan votar todos los mayores de edad entre los siete millones de venezolanos que han salido del país en estos años.

El gobierno y la oposición de Venezuela en la firma de los acuerdos de Barbados.
Mucho más prudente se mostró María Corina Machado, la lideresa opositora que, cinco días después de firmado el acuerdo, barrió en las votaciones primarias organizadas por la oposición. Obtuvo más del 92 por ciento de cerca de dos y medio millones de votos emitidos, un indiscutible mandato político para la dirigente que, a la fecha, está inhabilitada por el régimen para ser candidata presidencial.
“El acuerdo no arroja certezas a los venezolanos, al no precisar las acciones y plazos específicos que despejen la ruta hacia el 2024”, explicó Machado en un comunicado. Y recordó que, en el pasado, “el régimen de Maduro ha firmado acuerdos que viola reiteradamente”.
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El acuerdo no arroja certezas a los venezolanos, al no precisar las acciones y plazos específicos que despejen la ruta hacia el 2024
La clave de todo está en una frase del acuerdo que parece borrar con el codo lo que escribe con la mano, al plantear, entre otras garantías electorales, “la autorización de todos los candidatos presidenciales, siempre y cuando cumplan con los requisitos establecidos por la ley”.
En 2015, cuando hacía campaña para ser candidata al Parlamento, Machado fue inhabilitada por la Contraloría del régimen, por un año, por supuestas omisiones en su declaración de bienes, una más de las muchas argucias jurídicas que el chavismo ha usado para sacar del juego electoral a más de 1.400 candidatos opositores desde 2002. En junio pasado, cuando las encuestas dejaron en claro que Machado derrotaría a Maduro por amplio margen en unas presidenciales limpias, la inhabilidad fue extendida a 15 años.

María Corina Machado, vencedora en las primarias opositoras del domingo en Venezuela.
Zanahoria y garrote
En cuanto a Washington, la reacción a la firma del acuerdo fue positiva aunque, al igual que Blyde, ese gobierno y sus aliados lo ven como un primer paso. En un comunicado conjunto, el secretario de Estado, Antony Blinken; el alto representante para Asuntos Exteriores de la Unión Europea, Josep Borrell; y los ministros de Exteriores del Reino Unido, James Cleverly, y de Canadá, Melanie Joly, países patrocinadores de los diálogos, saludaron el compromiso del régimen para facilitar unas “elecciones justas y competitivas”.
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“Este acuerdo representa un paso necesario en la continuación de un proceso de diálogo inclusivo y la restauración de la democracia en Venezuela”, apuntó el comunicado, al insinuar que se trata de un asunto inconcluso.
Para insistir en que debe haber más avances, los cuatro países reiteraron su pedido para la “liberación incondicional de todos los detenidos injustamente, la independencia del proceso electoral y de las instituciones judiciales, la libertad de expresión y el respeto de los derechos humanos y políticos”.
Pero Washington y la UE, así como Canadá y Reino Unido, a quienes la oposición ve como garantes del proceso, saben bien que Caracas no dará los muchos pasos que hacen falta, sin una mezcla de zanahoria y garrote.

EE. UU. levantó parcialmente algunas sanciones contra Venezuela tras la firma de los acuerdos con la oposición.
La zanahoria asomó a las pocas horas de la firma en Barbados, en la forma de un levantamiento parcial y temporal de algunas de las más de 900 sanciones impuestas desde 2015 contra Venezuela.
El gobierno de EE. UU. –que sanciona a las compañías que hagan negocios con Caracas– autorizó de modo excepcional a Shell a operar el campo venezolano de Dragón para extraer y exportar gas a Trinidad y Tobago, para que de allí salga a los mercados internacionales, en especial a Europa, que tanto gas necesita tras la suspensión del bombeo por parte de Rusia, después de la invasión a Ucrania.
Como lo señaló Francisco Monaldi, experto petrolero del Instituto Baker de la Universidad Rice, en Texas, esta autorización “marca un hito porque hace tres décadas que está planteado exportar gas natural licuado desde esos yacimientos” y hasta ahora no ha sido posible.
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Pero, el gobierno Biden también sacó su tajada, urgido por mostrar resultados en el freno a la inmigración de ilegales. Cuando la tinta de la firma en Barbados aún no se secaba, Washington puso en marcha un proceso de repatriación de venezolanos que han inmigrado ilegalmente a Estados Unidos. El miércoles 18, al día siguiente del anuncio del acuerdo, un vuelo con 130 migrantes aterrizó en el aeropuerto de Maiquetía, que sirve a Caracas.

Washington puso en marcha un proceso de repatriación de venezolanos que han inmigrado ilegalmente a Estados Unidos.
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“Tanto en Estados Unidos como aquí en Europa estamos atentos a que Caracas cumpla los compromisos acordados con la oposición, y a que ofrezca garantías en cuanto a que las elecciones del año entrante se harán sin jugar sucio con mecanismos como la inhabilitación de candidatos opositores”, le dijo a EL TIEMPO una fuente diplomática en París.
“Aunque no se trata de hacer menciones con nombre propio en los acuerdos –agregó la fuente– en boca de todos los garantes del proceso está María Corina Machado: no es exagerado decir que si no le permiten ser candidata, las elecciones no serán consideradas como verdaderamente libres”.
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Si no le permiten ser candidata (a Machado), las elecciones no serán consideradas como verdaderamente libres
Frente a este punto, por ahora Maduro se muestra intransigente. “No te vistas que no vas”, escribió en su cuenta de X horas antes del anuncio del acuerdo de Barbados, al aclarar que la habilitación de Machado como candidata no había sido negociada y argumentar, en referencia a la Contraloría que la sancionó, que “las instituciones venezolanas se respetan”.
Las reglas del juego están sobre la mesa: a la firma de un acuerdo que si bien es vago e incompleto no deja de ser un primer paso, Washington y sus aliados respondieron con la autorización para la extracción y exportación de gas. A más avances hacia un proceso electoral justo, vendrán más concesiones.
Aparte del tema de Machado, sobre el que nadie espera definiciones por ahora, la expectativa se centra en la liberación gradual de más de 273 presos políticos, entre ellos algunos con doble nacionalidad, de Venezuela y de países europeos. El 19 salieron de la cárcel los primeros cinco.
La fuerza de María Corina Machado
Una semana después de la firma del acuerdo, y tras la imponente victoria de María Corina Machado en las primarias del domingo, es evidente que, a medida que avance el proceso de negociación entre Gobierno y oposición, el tema de su candidatura se impondrá como el decisivo.
Poco antes de la medianoche del lunes y con más de dos tercios de los votos contabilizados, Machado ganaba por amplísimo margen, con cerca de un millón y medio de votos (92,5 por ciento). El segundo mejor clasificado apenas llegaba a 70.000 votos (4,45 por ciento).

Mesas de votación para las elecciones primarias opositoras de Venezuela.
Sergio Acero. El Tiempo
A este ritmo, la votación en las primarias quizás se acerque a los dos millones y medio de votos, un rotundo éxito si se tiene en cuenta que el proceso no contó con el apoyo de entidad estatal alguna, y se enfrentó a problemas de transporte de electores, y de material electoral.
Con la exdiputada de 56 años rondando los 2,3 millones de votos, se trata de un plebiscito que impone a Machado como candidata única, por encima de las divisiones que han protagonizado en estos años los diferentes grupos de oposición.
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María Corina Machado, ganadora de las primarias de la oposición en Venezuela.
La abrumadora votación premia la verticalidad de la excongresista, que se ha mantenido radical en su lucha primero contra Chávez y luego contra Maduro, y que estuvo al margen del controvertido gobierno interino de Juan Guaidó, así como de las múltiples disputas entre los líderes del antichavismo.
Pero la victoria de María Corina Machado en las primarias no solo es una imposición para las fuerzas opositoras. También, y mucho, para los garantes –Estados Unidos, Canadá y los países europeos– del proceso de negociación entre Gobierno y oposición.
Si ella no es habilitada por las autoridades electorales para competir contra Maduro, para Washington y sus aliados, un levantamiento general de sanciones resultará impresentable ante la opinión pública. “Sin Machado en la tarjeta electoral de 2024, el proceso será un fracaso”, anotó la fuente diplomática europea ya citada.
El dilema para Maduro está claro: permitirle a Machado participar y salvar la economía venezolana gracias a una reducción sustancial de las sanciones poniéndose en grave peligro de perder el poder, algo que ni él ni los suyos contemplan. O mantener a Machado fuera del juego, lo que implicará retroceder en todo lo avanzado hasta ahora en las negociaciones. ¿Cuál de los costos piensa asumir?
MAURICIO VARGAS LINARES
ANALISTA EL TIEMPO
mvargaslina@hotmail.com
