
LEIPZIG, Alemania — Un fin pacífico a la guerra de Ucrania. Este era el deseo detrás de una publicación de Simge Krüger en LinkedIn en marzo.
En respuesta, la gente escribió que deseaba que sus familiares murieran en combate. Al ver que vivía en Alemania, la llamaron nazi.
“Estaba hablando de paz y de repente soy nazi”, dijo Krüger, una ciudadana turca que vive en Hamburgo.
Semanas más tarde, sentada en un taller dirigido por una organización pro democracia, llegó a comprender lo que había ocurrido. Los insultos no tenían nada que ver con su origen étnico o sus inclinaciones políticas. La gente estaba tratando de polarizar aún más un mundo desgarrado por cuestiones como la guerra rusa en Ucrania, la identidad de género y el cambio climático.
En la clase le enseñaron que la mejor manera de resistir no era tratar de explicar su posición o defenderse, sino hacer preguntas inquisitivas.
“Las personas que creen en teorías de conspiración normalmente tienen sólo una línea de argumentos, pero no hay nada detrás”, dijo. “Cuando empiezas a penetrar su iceberg, rápidamente te das cuenta de que no tiene profundidad”.
Estas lecciones provinieron de un programa de ocho semanas ofrecido por su patrón, Hays, una empresa de contratación multinacional con 3 mil 500 empleados en Alemania. La compañía dijo que el proyecto encajaba con su propio objetivo de fortalecer los valores democráticos y hacer que los empleados fueran más resilientes.
En toda Alemania, varios cientos de empresas ofrecen talleres así y en otros países occidentales se imparten clases similares. Las empresas se están dando cuenta de que necesitan apuntalar a sus empleados ante el debate mordaz.
Los seminarios sobre principios cívicos y democráticos —como la importancia de votar o reconocer los peligros de la desinformación y el discurso de odio— se han convertido en una forma de garantizar relaciones más saludables en el lugar de trabajo y en la sociedad. Los reportes muestran que el crecimiento económico es mayor en las democracias estables y las políticas fronterizas liberales permiten a las empresas atraer a inmigrantes calificados.
Recibir instrucción sobre cómo responder al discurso de odio y la desinformación ha hecho que los empleados tengan más confianza en sí mismos al hacer su trabajo, dijo Mimoza Murseli, coordinadora de diversidad de Hays. “Ganamos confianza para mantenernos firmes”, dijo.
Grupos como el Consejo Empresarial para la Democracia y Weltoffenes Sachsen, en Alemania, y la Alianza Cívica o el Proyecto Leadership Now, en Estados Unidos, organizan talleres, proporcionan investigación y seminarios web, y apoyan la educación cívica, todo ello apartidista. La mayoría está respaldada por fundaciones independientes.
En Alemania, la Red por la Democracia y el Valor tiene más de 20 años de ofrecer talleres a jóvenes. Pero hace cinco años, la contactaron empresas del este de Alemania, donde los políticos de extrema derecha han estado atrayendo más seguidores.
Un principio clave de los talleres es que fueran voluntarios para los empleados, dijo Nina Gbur, directora de proyectos de la organización. También tienen que ser ideológicamente neutrales.
Un partido de extrema derecha, Alternativa para Alemania, o AfD, ha perturbado el panorama político al acoger políticas nacionalistas y antiinmigratorias. Una encuesta reciente mostró que más de uno de cada cinco alemanes apoya al partido, contra el 10 por ciento en las elecciones del 2021.
Como reflejo de este cambio, el tono del discurso público se ha vuelto más crudo. Kerstin Schultheiss, directora general del Leipziger Gruppe, lo notó en su empresa, que emplea a 5 mil personas que prestan servicios públicos en la ciudad de Leipzig.
Varios gerentes le hablaron del aumento en las tensiones entre los empleados y en su trato con el público. Los puntos de tensión comunes eran los orígenes de la pandemia, los mandatos gubernamentales para conservar energía o la guerra de Rusia en Ucrania.
Cuando Schultheiss se enteró de la capacitación cívica que ofrece el Consejo Empresarial para la Democracia, solicitó participar.
“Tenemos que crear un espacio donde todos los empleados se sientan cómodos y crear un ambiente de trabajo en el que puedan funcionar y trabajar bien, y en el que nadie los acose por sus opiniones políticas”, dijo Schultheiss.
En Alemania, la alfabetización respecto a los medios ha sido una cuestión crítica, mientras que en Estados Unidos los programas se centran en enseñar a los empleados cómo funciona el Gobierno y el derecho al voto. Su objetivo es empoderar a los empleados para entender cómo sus acciones, tanto dentro como fuera del lugar de trabajo, afectan el clima político y, en última instancia, sus propios empleos.
Al tiempo que los mercados y las autoridades batallan con las guerras en Europa y Medio Oriente, la inestabilidad en un país líder seguramente repercutirá en otros, dijo Daniella Ballou-Aares, directora ejecutiva del Leadership Now Project, un grupo empresarial estadounidense dedicado a proteger la democracia.
“Si se ve una alteración a la democracia en una economía importante, será un gran problema”, dijo.
Por: MELISSA EDDY
No te quedes solo con esta información.
Lee, explora y profundiza más.
¡Suscríbete ya!
© 2023
The New York Times Company
