‘Nada importa tanto ahora como la geopolítica’: Alastair Newton, analista experto

Tiene un diploma del prestigioso London School of Economics, pero realmente su énfasis es el análisis político global. Se trata de Alastair Newton, autor de estudios sobre China, India, Indonesia, Israel y Corea del Norte, quien durante un par de décadas estuvo en el servicio diplomático de la Gran Bretaña, siendo destinado al África subsahariana, la Ocde en París y Estados Unidos.

Vive actualmente en Zambia, donde dirige una firma consultora especializada en el desarrollo de negocios en esa parte de África. Autor de numerosos artículos e invitado frecuente de los medios de comunicación, asistió recientemente a Cartagena con ocasión de un evento organizado por el Fondo Latinoamericano de Reservas (Flar).

Durante su presencia en la ciudad concedió una entrevista. La siguiente es la versión editada de esa charla.

Usted sostiene que nada pesa tanto en la economía global como la geopolítica. ¿A qué se refiere?

Quisiera, como punto de partida, devolverme a comienzos de siglo. En ese momento se preveía que la línea que divide en dos mitades iguales a la economía mundial –una parte al oriente y otra al occidente– y que hacia mediados del siglo pasado se ubicaba en la mitad del Atlántico se iría hacia el Pacífico. Ahora ese centro de gravedad se encuentra a la altura de la India, lo cual muestra cómo se ha movido en cerca de 70 años. Pensamos también, unos diez años atrás, que la geopolítica seguiría el rumbo de la economía. No obstante, hace cinco llegamos a un punto de inflexión y ahora es la economía la que sigue el rumbo de la geopolítica. Cuando observamos lo que pasó con el precio del petróleo, que reflejó las sanciones en contra de Rusia tras la invasión a Ucrania o las sanciones comerciales que se imponen Estados Unidos y China de un lado al otro y viceversa, lo que está en juego es el lugar de cada cual en la geopolítica global.

Alastair

Alastair Newton es autor de estudios sobre países como China, India, Indonesia, Israel y Corea del Norte.

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Flar.

¿Qué otro elemento destaca de esa transformación?

La propuesta de ampliar los Brics (acrónimo de Brasil, Rusia, China, India y Sudáfrica), porque Argentina se sumaría a este grupo de economías emergentes. También está relacionado con la idea de lanzar un nuevo Consenso de Washington que sería muy diferente del que John Williamson estableció en 1989 para resumir una serie de reformas descritas como neoliberales. Teóricamente, esta nueva versión se centraría en el bienestar, pero realmente es acerca de bloques de poder y geopolítica. En resumen, estamos en un planeta nuevo, diferente al de la Guerra Fría, algo que inversionistas y los que hacen las políticas deben tener en cuenta.

¿Cómo nos ve en el contexto internacional?

Es una pregunta válida hablar desde el punto de vista particular de América Latina. Hace pocas semanas, un par de académicos publicaron un escrito en la revista Foreign Affairs con el título de El continente que la geopolítica olvidó. El caso es que, a raíz de su localización geográfica, esta región no está asociada a los desafíos que han sacudido al mundo por estos meses. Obviamente me refiero a Rusia y Ucrania, Estados Unidos y China o Israel y Hamás. Ninguno de ellos toca directamente a Latinoamérica.

Aun así, la región encuentra riesgos y oportunidades en esta nueva realidad. ¿No es así?

El primer desafío, y tal vez el más obvio, es encontrar un balance adecuado entre tener buenas relaciones con China y con Estados Unidos. Entiendo que no todos se llevan bien con Washington, pero la geografía hay que tenerla en cuenta. China está cortejando a América Latina, en parte por razones de acceso a los recursos, en parte por razones políticas, en parte por razones económicas. Al mismo tiempo, Estados Unidos sigue siendo un jugador de primera línea en el hemisferio occidental y de eso no hay cómo escapar. Lograr un equilibrio no es fácil, y durante años varios países del sudeste asiático más o menos lo lograron. Pero esa era se acabó y ahora muchos deben escoger lado, como lo muestra el caso de Filipinas o el de Corea del Sur, que viene de firmar un tratado con Japón, que a su vez es el gran aliado de Washington. Del otro lado se pueden mencionar Camboya o Birmania. De vuelta a Latinoamérica, el reto es el mismo, más allá de que Brasil como líder del sur global –una expresión que detesto– juegue sus propias cartas.

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¿Y qué hay de Europa?

No la podemos olvidar. Por fin los países que la integran parecen haberse dado cuenta de la importancia de América Latina. Creo que el acuerdo entre Mercosur y la Unión Europea por fin va a concluir su negociación a comienzos del año que viene. Hay dificultades, pero considero que el sentido común va a prevalecer y que veremos relaciones económicas y políticas más estrechas en los próximos cinco o diez años, quizás en desafíos compartidos sobre la descarbonización.

¿Qué significaría el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca?

Hemos visto varios sondeos que muestran que él se encuentra en una buena posición para derrotar a Joe Biden en varios estados clave, si al final la elección se decide entre ellos dos. Muchas cosas pueden cambiar en los próximos meses, pero ya hay todo tipo de análisis sobre lo que implicaría un segundo periodo de Trump. Para comenzar, no se va a parecer en nada al de 2017 y en eso hay que ser absolutamente claros. Y si llega a la Oficina Oval el 21 de enero de 2025, va a traer consigo un buen número de funcionarios de nivel medio y alto que van a estar comprometidos con una agenda muy concreta, similar a la del Partido Republicano de antes de 1953, que era aislacionista y proteccionista. Entonces Donald Trump volvería a las raíces de esa colectividad. Recordemos que busca imponer un arancel del 10 por ciento a todas las importaciones que entran a Estados Unidos y eso constituiría un golpe significativo para la economía mundial. Además, ello significaría la rendición del liderazgo internacional estadounidense y una renuncia al libre comercio.

¿Cuál es el papel que van a jugar los recursos naturales en este contexto?

Los recursos naturales van a ser extremadamente importantes, así se haya hablado de descarbonización. Podemos estar muy cerca de lo que coloquialmente se conoce como la “demanda pico” en el caso del petróleo, posiblemente antes del final de esta década, como lo sostiene la Agencia Internacional de Energía. Pero esa perspectiva no debería preocupar mucho a Brasil o Guayana, que están en proceso de desarrollar la riqueza que tienen en el subsuelo, pues esos hidrocarburos tendrán un mercado y serán financieramente viables. Dicho eso, la transición energética seguirá y ayudará a expandir la importancia de los minerales. Por otra parte, hay un gran esfuerzo en camino por parte de los países más desarrollados para que el procesamiento de lo que se conoce como los “minerales raros” salga de China, porque esta los puede usar para responderle a Estados Unidos y así limitar su oferta.

¿Cuál es la razón?

El acceso de los chinos a microprocesadores de última generación se ha restringido. El argumento es que estos podrían ser usados con propósitos militares. No obstante, unos y otros entienden que esta es una manera de ponerle freno a la evolución económica de China. Y no se trata de un crecimiento negativo, pero si les hará más difícil sostener un crecimiento rápido y sostenido, el cual hoy en día oscilaría entre 3 y 4 por ciento anual.

¿Qué hay de América Latina a este respecto?

Cuenta con grandes reservas de cobre, níquel o litio, que son clave para la transición energética. Pero no olvidemos que la región es muy rica en recursos naturales que crecen y no necesitan ser minados. Por ejemplo, el sector forestal va a ser fundamental para limpiar el daño que hicieron las naciones más ricas al poner todo ese dióxido de carbono en la atmósfera y que son los grandes responsables de la situación actual.

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La expresión ‘cisnes negros’ ha sido muy usada en estos últimos años para describir eventos que no estaban en la mente de la mayoría. Usted habla de “rinocerontes grises”. ¿Por qué?

La expresión fue acuñada por la escritora estadounidense Michele Wucker y se refiere a algo conocido que se desconoce. Se trata de eventos de los cuales sabemos que pueden suceder y están agazapados por ahí. Algunas veces ocurren y otras no. Por ejemplo, el covid-19. Sabíamos que una pandemia era posible y a pesar de ello la emergencia nos encontró sin insumos, mecanismos o políticas para controlar el virus en una etapa temprana. Otro caso es la invasión de Ucrania por parte de Rusia. Vladimir Putin había atacado Georgia en 2008, se quedó con Crimea y la parte oriental de Ucrania. ¿Por qué pensamos que no iba a seguir? Por último, Israel y Hamás. Antes del 7 de octubre ese conflicto estaba congelado. Pero así no estuviera activo, tenía grandes posibilidades de volver, aunque no supiéramos cuándo. Todos esos son rinocerontes grises que habíamos visto por ahí.

¿Cómo usar eso para mirar al futuro?

Vivimos en tiempos de incertidumbre y sobre eso no hay duda. Estamos al final de un ciclo geopolítico, pues Estados Unidos ya no es la única potencia. Sin entrar en la discusión sobre si el mundo es bipolar o multipolar, la verdad es que la balanza de poder ha cambiado. Lo anterior quiere decir que hay otros rinocerontes grises que se pasean. A veces por las urgencias del día a día los olvidamos, pero están ahí. Vivo en Zambia y en mi teléfono tengo una foto de un rinoceronte que tomé unas semanas atrás a diez kilómetros de mi casa. Puedo garantizar que cuando uno se acerca a un animal de ese tamaño es imposible no verlo.

¿Qué consejo les da a los líderes y empresarios de países emergentes sobre cómo enfrentar esta compleja realidad?

Que cada uno actúa en defensa de sus intereses. Ya mencioné a Estados Unidos y China, que lo hacen. India va a actuar exactamente de la misma manera. Por su parte, los países latinoamericanos necesitan definir cuáles son sus intereses nacionales y actuar en concordancia. Y en relación con las oportunidades, pienso que en esta zona habrá muchas, pero eso dependerá de la calidad de las decisiones que se tomen. Siendo poco diplomático veo que esa calidad no ha sido la mejor en los últimos años. Respecto a los inversionistas, lo único que no quieren es incertidumbre. Incluso aquellos regímenes que no son los mejores, si aseguran estabilidad en las normas, son atractivos.

RICARDO ÁVILA – ANALISTA SÉNIOR 
ESPECIAL PARA EL TIEMPO

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