El nuevo arsenal de EE. UU. en el Pacífico para contrarrestar la amenaza de China

Los funcionarios estadounidenses tienen mucho tiempo de ver a su país como una potencia del Pacífico, con tropas y arsenales en múltiples bases en la región desde poco después de la Segunda Guerra Mundial.

Pero la Administración Biden dice que eso ya no es suficiente para frustrar lo que considera la mayor amenaza para la isla democrática de Taiwán: una invasión china.

Desde el inicio de su Administración, el Presidente Joseph R. Biden Jr. ha ampliado el acceso militar estadounidense a bases en naciones aliadas en toda la región de Asia y el Pacífico, y pretende desplegar nuevos sistemas de armas allí. También ha dicho que el Ejército estadounidense defendería a Taiwán contra una invasión china.

A finales de abril, Biden aprobó 8.1 mil millones de dólares para contrarrestar a China en la región. Y Antony J. Blinken, el Secretario de Estado de Estados Unidos, viajó a Shanghai y Beijing para reunirse con Xi Jinping, el Presidente de China, y otros funcionarios en las que planteó la actividad militar de China en el Estrecho de Taiwán y el Mar de China Meridional, calificándola de “desestabilizadora”.

Xi dijo a Blinken el 26 de abril que Estados Unidos no debería jugar un “juego de suma cero” ni “crear pequeños bloques”. Dijo que “si bien cada parte puede tener sus amigos y socios, no debe atacar, oponerse ni dañar a la otra”, de acuerdo con un resumen oficial chino de la reunión.

A principios de abril, los líderes de Filipinas y Japón se reunieron con Biden en Washington para la primera cumbre de este tipo entre los tres países. Anunciaron una mayor cooperación en materia de defensa, incluyendo entrenamientos y ejercicios navales, planeados conjuntamente y con otros socios. El año pasado, la Administración Biden forjó un pacto de defensa con Japón y Corea del Sur.

“En el 2023, impulsamos el año más transformador para la postura de las fuerzas estadounidenses en la región del Indo-Pacífico en una generación”, dijo Ely S. Ratner, Subsecretario de Defensa de EE. UU. para asuntos de seguridad del Indo-Pacífico.

El principal cambio, dijo, es distribuir las fuerzas estadounidenses en unidades más pequeñas y móviles en un amplio arco de la región, en lugar de concentrarlas en grandes bases en el noreste de Asia. Esto tiene como objetivo en gran medida contrarrestar los esfuerzos de China por acumular fuerzas que puedan atacar portaaviones o puestos de avanzada estadounidenses en Okinawa o Guam.

Por primera vez, Japón recibirá hasta 400 misiles de crucero Tomahawk —cuyas versiones más nuevas pueden atacar barcos y objetivos en tierra a más de mil 850 kilómetros de distancia.

Estados Unidos también obtuvo acceso a cuatro bases adicionales en Filipinas. Además, continúa enviando armas y entrenadores de las Fuerzas Especiales del Ejército a Taiwán, una isla independiente de facto. Xi ha dicho que su nación debe terminar por tomar el control de Taiwán, por la fuerza, si es necesario.

Joseph Wu, Ministro de Relaciones Exteriores de Taiwán, dijo que las alianzas fortalecidas y la evolución de las posturas de las fuerzas militares eran fundamentales para disuadir a China.

“Estamos muy contentos de ver que muchos países en esta región se están dando cuenta de que también tienen que estar preparados para futuras expansiones de la República Popular China”, dijo.

Para algunos estrategas chinos, los esfuerzos de EE. UU. tienen como objetivo mantener a la marina china detrás de la “primera cadena de islas” —islas cercanas al continente asiático que van desde Okinawa, Japón, hasta Taiwán y Filipinas.

Los activos estadounidenses a lo largo de estas islas podrían impedir que los buques de guerra chinos entren en las aguas del Pacífico más al este si estallara un conflicto. Los líderes del Ejército Popular de Liberación de China también hablan de establecer el dominio de la “segunda cadena de islas” —que incluye Guam, Palau y Papúa Occidental.

Pero varios críticos conservadores de las políticas de la Administración Biden argumentan que EE. UU. debería conservar armas importantes para su propio uso y que no está produciendo nuevos barcos y sistemas de armas con la suficiente rapidez como para disuadir a China, que está apuntalando rápidamente su Ejército.

“Nuestros adversarios están desarrollando más capacidad y están construyendo más buques de guerra —por año— que nosotros”, dijo el Almirante Samuel J. Paparo Jr. antes de convertirse en jefe del Comando Indo-Pacífico de Estados Unidos el 3 de mayo. Dijo que los nuevos buques de guerra aún eran más capaces que los que China está construyendo, y el “peso total de fuego” del Ejército de EE. UU. seguía superando al del Ejército Popular de Liberación, por ahora.

Altos funcionarios de EE. UU. dicen que una guerra con China no es deseable ni inevitable —una opinión expresada por Lloyd J. Austin III, el Secretario de Defensa. Pero también insisten en que el fortalecimiento militar y el refuerzo de las alianzas, junto con las conversaciones diplomáticas con China, son elementos clave para disuadir la agresión de Beijing.

Wang Yi, Ministro de Relaciones Exteriores de China, dijo a Blinken el 26 de abril en Beijing que “no pisen las líneas rojas de China ni la soberanía, la seguridad y los intereses de desarrollo de China”.

El nuevo esfuerzo disuasorio es doble para las fuerzas estadounidenses: incrementando las actividades de patrullaje en el mar y las capacidades de sus tropas en tierra. Para lo primero, el Departamento de Defensa ha anunciado que buques de guerra de la Armada de EE. UU. participarán en más ejercicios con sus homólogos japoneses en las islas Ryukyu, cerca de Taiwán, y con barcos filipinos en el Mar de China Meridional, donde la guardia costera china ha acosado a barcos e instalaciones controladas por Filipinas.

Para lo segundo, unidades de la Marina y del Ejército en la región han desplegado recientemente misiles de mediano y largo alcance acoplados a camionetas. Estas camionetas pueden transportarse rápidamente por aire a nuevas ubicaciones. Una nueva flotilla de embarcaciones del Ejército estadounidense que se enviará a la región también podría utilizarse para reposicionar tropas y lanzadores.

El año pasado, el General David H. Berger, entonces el máximo general de la Armada, dijo que el servicio había comenzado a analizar puntos de estrangulamiento estratégicos entre islas por donde probablemente transitarían las fuerzas chinas. Dijo que el servicio había identificado sitios donde las fuerzas de asalto de la Armada, como un nuevo regimiento litoral con base en Okinawa, podrían lanzar ataques contra los buques de guerra de Beijing.

Estados Unidos anunció el año pasado un nuevo acuerdo para compartir bases militares con Manila, dando a las fuerzas estadounidenses acceso a cuatro sitios en Filipinas para su uso en misiones humanitarias, sumándose a los cinco sitios abiertos a Estados Unidos en el 2014.

Uno, en la isla de Luzón, daría a las camionetas lanzamisiles la capacidad de atacar barcos chinos a través del estrecho que separa a Filipinas de Taiwán, mientras que otro sitio a unos mil 130 kilómetros al suroeste permitiría a EE. UU. atacar bases que China ha construido en las cercanas Islas Spratly.

EE. UU. ha forjado vínculos más estrechos con Australia y Papúa Nueva Guinea, ampliando el bastión estadounidense contra posibles intentos de China por establecer un dominio a lo largo de la “segunda cadena de islas”.

La Administración Obama trasladó varios buques de combate litorales a Singapur y desplegó una fuerza de marines en Darwin, en la costa norte de Australia, dando al Ejército de EE. UU. más recursos en la región.

El año pasado, la Administración Biden elevó enormemente su compromiso con Australia.

Un nuevo acuerdo multimillonario llamado AUKUS —siglas de Australia, el Reino Unido y Estados Unidos— transferirá algunos de los submarinos de ataque clase Virginia más nuevos de la Armada estadounidense a Canberra.

Un acuerdo del 2023 dio a las fuerzas estadounidenses más acceso a Papúa Nueva Guinea para misiones humanitarias.

Para el Almirante Paparo, esta creciente red de asociaciones y acuerdos de seguridad a lo largo de miles de kilómetros del Pacífico es un resultado directo de lo que él llama la “agenda revanchista, revisionista y expansionista” de China en la región que ha amenazado a sus vecinos.

“Creo que Estados Unidos y nuestros aliados y socios están jugando una mano más fuerte y que prevaleceremos en cualquier lucha que surja en el Pacífico Occidental”, dijo.

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