¿Por qué estrategia de la administración Trump para derrocar a Nicolás Maduro sin disparar un tiro puede terminar en el ‘Síndrome del Mar Rojo’?

El despliegue militar de Estados Unidos en el Caribe, catalogado como el mayor en los últimos años, corre el riesgo de caer en el temido “Síndrome del Mar Rojo«. 

Esta hipótesis advierte que una fuerza apabullante, como la encabezada por el portaaviones de última generación y más letal del mundo, el USS Gerald R. Ford, se convierte en un pasivo político si no se utiliza para un golpe de decapitación rápido.

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Nicolás Maduro

La hipótesis es planteada por Germán Ortiz Leiva, analista de medios y profesor en la Universidad del Rosario de Colombia.

Ataque de Estados Unidos a una lancha en el Pacífico Foto:X: @secwar

Para Ortiz Leiva, esta teoría tiene como referencia cuando, en mayo pasado, la Casa Blanca se vio forzada a aceptar un alto el fuego tácito con los hutíes en Yemen tras constatar que todo su poderío naval no podía doblegar a una fuerza asimétrica sin ir a una guerra total, por lo que ese abismo estratégico puede repetirse con Venezuela, si Washington no termina de ejecutar la acción que considere necesaria.

Según Ortiz Leiva, cada día que el Gerald R. Ford navegue frente a las costas venezolanas sin un desenlace decisivo, Maduro gana tiempo y Washington pierde credibilidad. 

Así se podría generar un desenlace más probable de no invasión, sino un acuerdo de coexistencia —la repetición del pacto de Yemen— donde el régimen se mantiene y la flota se retira bajo un disfraz de «victoria antinarcóticos».

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Montaje a partir de AFP y Efe

Miembro de la milicia bolivariana de Venezuela. Foto:AFP

La presión de Trump sobre Venezuela

El despliegue militar, que exhibe capacidad de poder aéreo, guerra anfibia y bloqueo ineludible, ha elevado la presión sobre Venezuela a su fase más seria de coerción activa. No obstante, el objetivo central no es una victoria militar inicial, sino ganar la guerra sin llegar a lucharla.

La clave reside en el bluff geopolítico y el liderazgo performativo del presidente Donald Trump, para quien el verdadero campo de batalla se localiza en las pantallas.

Ortiz Leiva considera que la estrategia de comunicación de la Casa Blanca ha adoptado la lógica de «inundar la zona», lo que se refiere a provocar un volumen tan alto de rumores (fechas de invasión, traidores, el sonido del tic-tac del reloj) que el adversario se vea incapaz de procesar y responder.

Parálisis chavista: La sobreabundancia de rumores busca agotar y desorientar a la cúpula, paralizando su capacidad para tomar decisiones racionales.

El portaviones USS Gerald R. Ford. Foto:EFE

Control del relato: Al saturar el ciclo de noticias, la Casa Blanca obliga a los medios a centrarse en el «espectáculo» militar, asegurando que la narrativa dominante sea la de la presión extrema e inminente, mientras se evita profundizar en los complejos escenarios de caos regional (Libianización, Vietnamización) que podría desatar una intervención.

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Gobernador venezolano

La debilidad interna y el precio de la presión sobre Maduro

El inusitado despliegue está intimidando y evidencia la debilidad interna de las Fuerzas Armadas venezolanas. El discurso de Nicolás Maduro ha cambiado drásticamente.

En 2018 Maduro exigía la defensa del país únicamente a los militares a los que pedía “rodilla en tierra”, mientras que ahora  exige la defensa a «todos» —sean civiles, políticos, militares o policías— con la advertencia de que está “prohibido fallar en esta coyuntura decisiva para la existencia de la República, no hay excusa para nadie», ha expresado Maduro.

Este cambio sugiere que el régimen no confía plenamente en la capacidad de sus Fuerzas Armadas, a pesar de contar con un arsenal en el que se invirtieron cerca de $50 mil millones de dólares en la era Chávez, dice Ortiz Leiva.

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Maduro

El ministro de Defensa del régimen de Venezuela, Vladimir Padrino López. Foto:AFP

Escenarios de riesgo en la tensión entre Venezuela y Estados Unidos

El despliegue se ha convertido en una herramienta de disuasión simbólica más que en un preludio bélico, pero esta «teatralización de poder» conlleva riesgos, como la maximización de la incertidumbre. 

Esta incertidumbre está dada por la ambigüedad intencional de los mensajes de EE. UU. (como declarar terroristas a grupos y luego ofrecer diálogo) mantiene al régimen en un estado de alerta máxima, incapaz de distinguir entre la propaganda y una amenaza real.

También la espectacularización, es decir el riesgo es que el show pueda desbordarse. Como advierte Moisés Naím, una declaración mal calculada o una provocación inesperada podría convertir el guión en realidad, llevando a un escenario imprevisible de intervención.

La escenificación tiene más poder que la acción real. Mientras el mundo debate si habrá o no una guerra en el Caribe y Trump gana la batalla comunicacional que realmente le importa, la pregunta sin resolver es: “¿Hasta cuándo y a qué costo se mantendrá el bluff antes de que el «Síndrome del Mar Rojo» fuerce el repliegue?”, es una de las interrogantes que Ortiz Leiva deja sobre la mesa.

ANA MARÍA RODRÍGUEZ BRAZÓN

CORRESPONSAL EL TIEMPO

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