«Esta vuelve a ser una segunda vuelta donde los electores van a tener que optar por el mal menor«, dice Daniel Zovatto, director de Radar Latam 360 y uno de los analistas electorales más reconocidos de la región. «¿A quién le tienen más miedo? ¿Al regreso del fujimorismo o al posible regreso de lo que podría ser una suerte de Pedro Castillo 2.0, a través de Roberto Sánchez?», advierte.
LEA TAMBIÉN

Y es que el presidente que salga hoy de las urnas será el noveno en una década. De sus ocho antecesores inmediatos, seis no terminaron su mandato: fueron destituidos por el Congreso, renunciaron bajo presión o intentaron golpes de Estado que terminaron con ellos en prisión.
La derechista Keiko Fujimori y el izquierdista Roberto Sánchez, los dos candidatos Foto:EFE / IA
Pedro Pablo Kuczynski cayó por el escándalo Odebrecht, Martín Vizcarra fue destituido, Pedro Castillo –el último elegido en las urnas- intentó cerrar el Congreso en diciembre de 2022 y terminó preso y su vicepresidenta, Dina Boluarte, no pudo terminar lo que restaba del periodo entre escándalos de corrupción y represión de manifestaciones que desembocaron en su vacancia por incapacidad moral.
Para un país cuya economía crece ininterrumpidamente a estándares por encima de la región, es un fracaso no poder garantizar la seguridad a sus ciudadanos o no disminuir la pobreza a ritmos más acelerados
Para los expertos, la inestabilidad más que ser una novedad dentro del sistema político peruano, es paradójicamente su característica más estable con un Congreso fragmentado que ha sido el principal responsable de las salidas expeditas de los gobernantes de turno.
Sin embargo, en los últimos 10 años la crisis política ha sido paralela a una economía en crecimiento. El año pasado, el PIB avanzó un 3,8 por ciento, muy por encima del promedio regional del 2,2. La pobreza, que superaba el 60 por ciento hace dos décadas, cayó a menos de la mitad.
«Para un país cuya economía crece ininterrumpidamente a estándares por encima de la región, es un fracaso no poder garantizar la seguridad a sus ciudadanos o no disminuir la pobreza a ritmos más acelerados», dice Carlos Meléndez, investigador del Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad de Lisboa y uno de los politólogos peruanos más reconocidos internacionalmente.
Desde su perspectiva, la paradoja peruana tiene un nombre técnico: disociación entre desempeño económico y legitimidad política. En términos más simples, el país funciona a pesar de sus gobernantes y no gracias a ellos.
Una persona trasladan una urna electoral, en el colegio San Luis Gonzaga, en Lima (Perú) Foto:EFE / John Reyes Mejia
Las sombras de los dos candidatos
Keiko Fujimori, de 51 años, aspira por cuarta vez a la presidencia. La hija del fallecido dictador Alberto Fujimori lidera el partido Fuerza Popular y carga con el peso de un apellido que en Perú evoca un gobierno de mano de hierro entre 1990 y 2000 donde su padre redujo la inflación y derrotó al grupo guerrillero Sendero Luminoso, pero también disolvió el Congreso, instauró un servicio de inteligencia paralelo y fue condenado por crímenes de lesa humanidad.
Y si bien Keiko ha insistido en que no es su padre, tampoco ha podido escapar del todo de esa sombra.
LEA TAMBIÉN

En su campaña, la candidata presidencial promete un gobierno de «cinco años» centrado en el orden, la reactivación económica y la seguridad. Sus propuestas clave incluyen reducir el costo de los alimentos (como el pollo y el gas), expulsar a extranjeros delincuentes y establecer tributación cero para las pequeñas empresas.
Su rival, Roberto Sánchez, quien fue enviado a juicio dos días antes del balotaje por presunta declaración falsa en el financiamiento de su partido hace unos seis años, fue ministro de Comercio Exterior de Pedro Castillo y lidera Juntos por el Perú. Habla desde las provincias, usa el sombrero de paja que fue el símbolo icónico de Castillo y promete una Asamblea Constituyente, nacionalizar el gas y financiar el agro cobrando más impuestos a la minería.
En seguridad, planea construir cinco megacárceles y derogar leyes que favorecen al crimen organizado. Además, busca indultar a Pedro Castillo, unificar el sistema de salud y reconocer derechos a la naturaleza.
Papeleta electoral para la segunda vuelta presidencial que se celebrará este domingo en Perú. Foto:Consulado General del Perú en Bogotá
«Sánchez (de 57 años) evoca ser una especie de continuador de esa agenda de Castillo», dice Glaeldys González, analista de Crisis Group para la región andina. «Está en juego la apuesta de Fujimori por retomar el orden, tomando algunos elementos del legado de la presidencia de su padre, y por el otro lado una apuesta más social de reformas estructurales profundas que es un poco esa apuesta que también tenía Pedro Castillo», explica.
Las encuestas de Datum e Ipsos le dan una leve ventaja a Fujimori, pero hay entre 24 y 26 por ciento de indecisos que mantienen la contienda en una apretada resolución.
Lo que no está abierto es el diagnóstico sobre los riesgos de cada opción. «Un eventual gobierno de Fujimori tendría al movimiento social como principal opositor, especialmente las organizaciones sociales fuera de Lima», dice Meléndez. «Su elección consagraría una división Lima versus el resto del país que, en un país centralista como Perú, agudizaría el malestar fuera de la capital».
Del otro lado, agrega el investigador, «un eventual gobierno de Sánchez tendría a la oposición parlamentaria —una mayoría de derecha— y a los actores económicos formales obstaculizando su gobernabilidad». Su conclusión: «Un gobierno de Fujimori tiene más probabilidades de sobrevivir que el de Sánchez, pero ninguno garantiza culminar el mandato de cinco años».
Y es que, en todo caso, el nuevo gobernante deberá aquietar las aguas legislativas para mantenerse a flote cuando ninguno cuenta con mayorías y están obligados a formar alianzas.
LEA TAMBIÉN

Para este periodo legislativo, el parlamento peruano pasó a tener un sistema bicameral (Senado y Cámara de Diputados). En la nueva composición, Fuerza Popular se convirtió en la primera minoría del país y el bloque más grande, sumando 61 representantes (20 senadores y 41 diputados), mientras que Juntos por el Perú es el segundo bloque mayoritario, alcanzando 45 representantes (14 senadores y 31 diputados).
«Cuando los presidentes peruanos logran construir mayorías parlamentarias, han conseguido sobrevivir. Desde 2016, esto no ha sido posible, ni para gobiernos de derecha ni de izquierda”, explica Meléndez al advertir que ningún presidente electo desde ese año ha logrado más del 25 por ciento de los votos válidos en primera vuelta.
El candidato de izquierda a la presidencia de Perú Roberto Sánchez (d) saluda a simpatizantes Foto:EFE
“Llegan débiles al poder y encuentran un Congreso que históricamente ha usado la figura de la vacancia presidencial como instrumento de control político”, agrega.
A esa fragilidad estructural se suma lo que González identifica como el problema de fondo del sistema: «La figura del Ejecutivo está debilitada y hemos visto que el Congreso tiene un rol central. Más allá de quién quede en el Ejecutivo, hay que ver esas configuraciones de las fuerzas políticas dentro del Congreso que van a seguir teniendo un peso importante y van a poder seguir contribuyendo a la propia inestabilidad del país«.
El electorado se ha vuelto cada vez más pragmático reclamando resultados y quienes no logran esa cohesión son fuertemente castigados en las urnas o en las encuestas de opinión. Y esto no tiene ideología
Lo que Perú necesita para salir del ciclo de inestabilidad política
Los analistas también coinciden en que hay salida para la crisis, pero exige condiciones que ningún gobierno peruano reciente ha sido capaz de cumplir simultáneamente.
Luis Solari, expresidente del Consejo de Ministros de Perú y conocedor del Estado peruano, tiene una prescripción concreta para las primeras semanas del próximo gobierno: «Constituir un gabinete ministerial plural y representativo de los diversos sectores, en el que el país se vea reflejado. Anunciar el inicio de acciones para el desarrollo rural y la inmensa mayoría de familias dependientes de la micro y pequeña empresa e iniciar acciones intensas contra la criminalidad organizada«.
Perú, recuerda Solari, es un país con alta ruralidad —el 75 por ciento de sus provincias— y en el que el 99,3 por ciento de las empresas son micro y pequeñas. “Cualquier gobierno que ignore esa realidad estructural está condenado a gobernar para una minoría”, advierte.
Eso sí, aclara que el problema no es solo de agenda, sino de relación con el Congreso.
“Iniciar una política de puertas abiertas del Ejecutivo para que los diputados puedan coordinar las acciones necesarias para resolver las necesidades de sus territorios representados es fundamental”, observa al aclarar que no se trata de ceder poder al legislativo, sino de construir una red de lealtades territoriales que amortigüe los golpes políticos que inevitablemente llegarán.
La candidata a la presidencia de Perú Keiko Fujimori (c) Foto:EFE
Por su parte, Meléndez agrega que la dimensión más urgente en términos políticos es “restablecer la confianza en la política”.
En las encuestas regionales, Perú aparece consistentemente como el país con menor confianza en sus instituciones y en sus representantes electos tras años de promesas incumplidas, presidentes destituidos, escándalos de corrupción y una sensación generalizada de que el sistema político no funciona.
Zovatto sitúa el desafío peruano dentro del ciclo regional más amplio: «El electorado se ha vuelto cada vez más pragmático reclamando resultados y quienes no logran esa cohesión son fuertemente castigados en las urnas o en las encuestas de opinión. Y esto no tiene ideología».
LEA TAMBIÉN

Así las cosas, si Keiko gana, el fujimorismo regresará al poder 26 años después de la caída de su padre, un hito histórico que Meléndez califica de “histórico” y que definirá si escribe su propia historia. De ganar Sánchez, Perú se convertirá en uno de los pocos países de la región que nadará contra la corriente del giro a la derecha. En cualquiera de los dos casos, el reto inmediato será el mismo: construir la gobernabilidad que el país lleva una década sin encontrar.
