Los efectos de la agresión que Rusia lanzó contra Ucrania el 24 de febrero del año pasado ya se sienten en Moscú. En los últimos días cayeron sobre la capital rusa varios drones cargados con explosivos que fueron supuestamente lanzados desde la frontera ucraniana, a casi 500 kilómetros.
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Luego, cayó uno cerca de la residencia oficial del presidente ruso Vladimir Putin, quien vive a las afueras de Moscú, en Novo-Ogariovo, donde tiene una mansión. Entre la frontera ucraniana y la capital rusa hay más de 450 kilómetros, distancia que los drones supuestamente usados por Ucrania pueden alcanzar ya que estos artefactos tienen una autonomía de entre 800 y 1.000 kilómetros.
Los ataques, por ahora, no han dejado víctimas mortales, pero sí han sido varios. De hecho, el 3 de mayo hubo uno contra el edificio del Kremlin que fue atajado por las defensas antiaéreas del complejo presidencial moscovita.
Pero la capacidad antiaérea rusa tradicional, diseñada para evitar el sobrevuelo de aviones y misiles enemigos, parece incapaz de interceptar estos aparatos. Los drones ucranianos vuelan a unos pocos metros del suelo, lo que los hace imperceptibles a los radares rusos.
La guerra puede verse también como el primer conflicto largo, sostenido, donde las dos partes usan drones en operaciones combinadas e integradas
Estos episodios están llevando la guerra al propio territorio ruso y les da un golpe de realidad a sus ciudadanos que hasta ahora no habían sentido los efectos de la guerra, además de advertir sobre un nuevo capítulo al que entra el conflicto.
Un informe del centro británico Chatham House explica cómo el uso de los drones en el escenario ucraniano y ruso cambia la forma de hacer la guerra: “La guerra puede verse también como el primer conflicto largo, sostenido, donde las dos partes usan drones en operaciones combinadas e integradas”.
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Según su experto Keir Giles, “sucede también con la ciberdefensa y con la relación entre ciberdefensa y drones. Está claro que hay un papel muy relevante y poco público de confrontación cibernética entre los operadores de drones rusos y ucranianos, una especie de juego del gato y el ratón en el que los adversarios buscan tomar el control” de los aparatos enemigos.
Mientras que el suizo ‘Center for Security Studies’ asegura en una nota que “la guerra en ucrania está dando forma a cómo los militares piensan en el uso de los drones y normalizando el uso de estos aparatos porque el contexto cambia de antiterrorismo a guerra convencional”.

Un hombre camina entre los escombros de un edificio de viviendas tras un ataque con drones en Kiev, Ucrania, ocurrido este martes.
EFE/ Sergey Dolzhenko
Sin embargo, en el aire queda una pregunta. ¿De dónde está sacando Ucrania estas aeronaves no tripuladas para estas operaciones? Una primera versión sostiene que el modelo de dron que está usando Kiev sería uno de fabricación nacional, el UJ-22. Tiene cientos y puede fabricar más continuamente.
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La otra versión de los ataques es aún más preocupante para el Gobierno ruso. Según esta versión alternativa, que fuentes diplomáticas europeas se toman en serio y no descartan, se trataría en realidad de ataques con drones A-2 Synitsa, el cual sólo tienen capacidad para volar una hora, por lo que Ucrania estaría consiguiendo introducirlos por tierra hasta muy cerca del centro de Moscú. El Kremlin guardaría silencio, según esta versión, por lo vergonzoso que sería tener agentes ucranianos prácticamente en Moscú y lanzando drones sin ser detectados.
El UJ-22 puede llevar cargas de hasta 50 kilos y vuela a una velocidad máxima de 160 kilómetros hora, por lo que si estuvieran siendo lanzados desde la frontera tardarían al menos tres horas en alcanzar Moscú sin haber sido detectados.

Militares en la guerra Rusia – Ucrania.
Sus casi 1.000 kilómetros de alcance con cargas explosivas -los ponen a tiro de infraestructuras críticas rusas como cuarteles militares, centrales eléctricas, aeropuertos o fábricas de producción de armas y municiones. También tendrían capacidad para atacar Crimea, la provincia ucraniana que Rusia se anexionó por la fuerza en 2014.
El día con más ataques fue por ahora el 30 de mayo. Moscú recibió más de 25 drones y aunque pudo derribar muchos con medidas de guerra electrónica, no pudo evitar varias explosiones y destrozos en los edificios contra los que impactaron los artefactos.
El presidente Putin dijo en la televisión pública que Ucrania estaba intentando provocar a Rusia: “Se ve que es lo que buscan (los ucranianos): provocarnos. Veremos lo que haremos”. Rusia ha amenazado varias veces con una escalada en sus ataques a Ucrania, pero sobre el terreno sus fuerzas no parecen tener capacidad para ir más allá del territorio ocupado hasta ahora.
También dijo que Kiev busca “amedrentar a los ciudadanos rusos y atacar edificios de viviendas. Esto es, por supuesto, un claro signo de actividad terrorista”. Y como Rusia trata estos ataques como atentados terroristas, el portavoz del Kremlin, Dimitri Peskov, dijo que esperaba que las capitales occidentales los condenaran.
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Vladímir Putin, presidente de Rusia.
EFE/EPA/MIKHAEL KLIMENTYEV / SPUTNIK / KREMLIN POOL
Estados Unidos, por ejemplo, dijo que no apoyaba estas operaciones. Otros, sin embargo, guardan silencio e incluso apoyan esos ataques, como hizo el ministro de Exteriores británicos al asegurar que “Ucrania tiene el derecho de proyectar su fuerza más allá de sus fronteras” para defenderse de Rusia.
El expresidente ruso y mano derecha de Putin, Dimitri Medvedev, que en esta guerra se ha significado como uno de los más belicosos en Moscú y ha amenazado varias veces con usar armamento nuclear, dijo que el Reino Unido “está liderando de facto una guerra no declarada contra Rusia” y que los británicos son “nuestro enemigo eterno”.
Las Fuerzas Armadas rusas llevan desde el inicio de la guerra, el 24 de febrero del año pasado, bombardeando ciudades ucranianas sin importarle que las bombas caigan sobre objetivos militares o civiles. La Comisión Europea pidió a Rusia “que no utilice estos incidentes como un pretexto para escalar aún más su agresión ilegal contra Ucrania”.
Mientras tanto, Ucrania mira para otro lado. Su Gobierno asegura: “observamos (los ataques) con mucho gusto y pronosticamos que irán en aumento, pero desde luego no tenemos relación directa con ellos”. Drones ucranianos han atacado en los últimos meses depósitos de municiones, de carburantes y bases militares en territorio ruso. El día 31 de mayo atacaron dos refinerías en la región de Krasnodar.
El alcalde de Kiev, Vitali Klitschko, había dicho el día antes de que los drones ucranianos cayeran sobre Moscú que le indignaba que los moscovitas tuvieran una vida normal mientras los ucranianos sufrían bombardeos constantes por parte de las tropas rusas.
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En todo caso el informe del Center for Security Studies’ dice que “los países europeos deberían ajustar sus estrategias de adquisición de drones para incluir un mayor rango de los mismos pero también para integrar el uso que los pequeños drones pueden dar como apoyo a las fuerzas de tierra. Los gobiernos europeos deben invertir en sus subdesarrolladas defensas aéreas y, dado los cambios en el espacio aéreo, adquirir contramedidas efectivas contra los drones pequeños”.
IDAFE MARTÍN PÉREZ
PARA EL TIEMPO
BRUSELAS
