Azerbayán, el país que vive las causas y efectos del cambio climático será anfitrión de una cumbre climática

BAKÚ, Azerbaiyán — En unos cuantos meses, diplomáticos de casi todos los países del mundo llegarán a Azerbaiyán, un pequeño petroestado en el Mar Caspio engarzado entre Rusia e Irán, para discutir la mejor manera de evitar los peligros cada vez mayores del cambio climático.

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Es un lugar poco probable para conversaciones así: está alejado, tiene un Gobierno autoritario y —lo más crucial— es hiperdependiente de los combustibles fósiles. Azerbaiyán es sede de la cumbre anual sobre el clima, llamada COP29, sólo gracias a un peculiar proceso de selección de las Naciones Unidas que la dejó como la última opción disponible.

Mukhtar Babayev, un burócrata puesto a cargo de las conversaciones, nunca anticipó desempeñar un papel tan importante. “No tenemos fama de desarrolladores de ideas de transición verde”, dijo.

Babayev, de 56 años, y su equipo tienen la tarea de equilibrar intereses divergentes, desde petroestados dominantes como Arabia Saudita hasta Estados insulares que se hunden como Vanuatu. Es una curva de aprendizaje aparentemente vertical para los funcionarios que reconocen su inexperiencia en la política climática global.

También reconocen que están bajo presión de algunas personas en su País, que temen la transición energética global alejándose de los combustibles fósiles. Casi todas las exportaciones de Azerbaiyán son petróleo y gas.

Y a pesar del consenso de que el mundo debe dejar de quemar combustibles fósiles lo más pronto posible, Babayev ofreció una defensa para quienes los producen, en particular el gas natural, que ha transformado a su País en un actor más importante en el escenario geopolítico en los últimos años al tiempo que Europa se apresuraba a encontrar reemplazos para los suministros rusos.

En comparación con el petróleo y el carbón, dijo, “el gas es un recurso energético que daña menos la naturaleza”. También señaló: “Si los países europeos están en contra del gas, ¿por qué piden más a Azerbaiyán?”.

Al tiempo que se dispara la alarma por el calentamiento global, Azerbaiyán apenas ha iniciado el proceso de sustituir el petróleo y el gas. Ha argumentado, como lo han hecho muchas naciones menos desarrolladas, que las naciones ricas deben desembolsar miles de millones de dólares para ayudarlas a hacer la transición de sus economías, dado que los países más ricos del mundo son responsables de la mayoría de las emisiones de gases de efecto invernadero.

El daño ambiental causado por la extracción de combustibles fósiles estará visible desde el estadio en la capital, Bakú, donde se llevarán a cabo las conversaciones. Al otro lado de un lago que apesta a azufre, plataformas excretan charcos de petróleo estancado. Día y noche, una refinería al lado quema metano, uno de los gases de efecto invernadero más potentes.

La COP29 llegó al País de 10 millones de habitantes prácticamente por casualidad. De acuerdo con la agencia de la ONU que patrocina la cumbre, los países anfitriones se eligen en un ciclo rotativo, y esta vez tocó el turno a una nación de Europa del Este o del Cáucaso. Pero Rusia vetó a la mayoría de los candidatos, considerándolos hostiles a su invasión de Ucrania. Finalmente, Azerbaiyán fue el único país restante.

El hecho de que Azerbaiyán sea anfitrión de la COP29 ha causado nerviosismo en la comunidad del activismo climático. Es el segundo año consecutivo que un petroestado ha sido sede de las conversaciones.

La cumbre del año pasado en Dubai, Emiratos Árabes Unidos, estuvo presidida por Sultan al Jaber, quien dirige la Compañía Nacional de Petróleo de Abu Dhabi. Al Jaber logró que se aprobara un documento final de la reunión en el que todos los países se comprometían a abandonar el uso de combustibles fósiles para mediados de siglo. Pero también hacía alusión al papel del gas como “combustible de transición”, incluso cuando los científicos advirtieron que el mundo no puede darse el lujo de invertir en nueva producción de gas si realmente quiere limitar el calentamiento global a 1.5 grados por encima de los niveles preindustriales.

Babayev a menudo difería a la sabiduría del Presidente de Azerbaiyán, Ilham Aliyev, quien ha gobernado el País desde que asumió el poder de su padre en el 2003. Desde que Azerbaiyán obtuvo su independencia en 1991, la familia Aliyev ha consolidado poder y riqueza, impulsada por los ingresos de los combustibles fósiles. Bakú hoy reluce con rascacielos propiedad de su familia y sus asociados.

“Ahora el Gobierno puede pensar: ‘De acuerdo, el petróleo y el gas son buenos, pero miremos hacia el futuro’”, dijo Babayev. El futuro, ha dicho el Gobierno de Aliyev, es la inversión en energía renovable en el País aunado a exportaciones de gas.

Babayev y su equipo lidiarán con grandes expectativas en la cumbre. El mundo aún va camino a un calentamiento de más de 2 grados.

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