El abanico de escenarios que se abre tras la llamada entre Donald Trump con Nicolás Maduro: ¿salida negociada bajo la presión?

Nicolás Maduro y Donald Trump confirmaron esta semana que, efectivamente, hablaron por teléfono a finales de noviembre en una llamada respetuosa y “hasta cordial”, según dijo el líder chavista, mientras que para Trump no fue ni buena ni mala. Y si bien ninguno dio mayores detalles de lo que se dijeron, es claro que Washington aún no logra que Maduro entregue el poder abriendo todo un abanico de opciones para lo que vendría.

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El mandatario estadounidense aseguró que su despliegue militar en el Caribe “no es una campaña de presión, es mucho más que eso”. Algo que cobró claridad el pasado viernes cuando la Casa Blanca presentó su nueva Estrategia Nacional de Seguridad en la que prioriza a América Latina con un enfoque basado en el aumento de la presencia militar en el hemisferio, el fortalecimiento de operaciones contra el narcotráfico, el crimen transnacional y las amenazas que Washington considera desestabilizadoras en la región, incluida el flujo migratorio masivo.

Washington priorizará a la región por encima de sus operaciones en Europa y Oriente Medio, lo que, en todo caso, refuerza la presión política, militar y diplomática sobre el gobierno venezolano cuando ya tiene desplegadas más de 15.000 tropas y el portaaviones Gerald Ford, considerado el más letal del mundo.

Ataque de Estados Unidos a lancha en el Pacífico Foto:Redes sociales

Entre tanto, Nicolás Maduro baila en televisión nacional y se mofa con un teléfono de escritorio diciendo “aló, aló”, aunque aseguró que “si esa llamada significa que se están dando pasos hacia un diálogo respetuoso de país a país, bienvenido”, dijo acompañado de su ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, y una veintena de militares.

Asimismo, calificó de «terrorismo psicológico» el despliegue estadounidense y cerró filas ratificando a Diosdado Cabello como el segundo al mando, mientras designó y juramentó un nuevo buró político conformado por 12 dirigentes del chavismo prometiendo ante sus seguidores en Caracas su «lealtad absoluta».

El peor escenario es una escalada por parte de Estados Unidos, porque ya vemos cómo Maduro busca salvarse, pero nosotros, los verdaderos revolucionarios, quedaríamos abandonados

No obstante, según medios estadounidenses, Maduro ha redoblado su seguridad, con los cubanos custodiando sus pasos y vigilando que duerma en lugares distintos y que cambie de celular periódicamente.

“El Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), el Alto Mando de la FANB, los gobernadores y alcaldes, se mantienen unidos porque temen que, si cae Maduro, todos ellos también serán perseguidos. Por eso, lejos de presionar a Maduro para que renuncie, más bien lo presionan para que resista”, señaló en su columna del diario El País, Víctor Álvarez, economista y ganador del Premio Nacional de Ciencias en Venezuela.

El peor escenario es una escalada por parte de Estados Unidos, porque ya vemos cómo Maduro busca salvarse, pero nosotros, los verdaderos revolucionarios, quedaríamos abandonados”, dijo a EL TIEMPO un integrante del PSUV en condición de anonimato.

Nicolás Maduro y Diosdado Cabello Foto:EFE/MIGUEL GUTIÉRREZ

Convencido de que Trump pujará por una solución negociada y pacífica del conflicto venezolano, Álvarez destaca en su análisis que Trump puede hacer valer su poder e influencia y presentarle al chavismo y oposición un marco general para negociar las condiciones para convocar una nueva elección presidencial. “Con base en lo que establece la Constitución venezolana cuando el presidente renuncia antes de cumplirse el cuarto año del mandato presidencial y se deben convocar elecciones en los 30 días siguientes”.

Y es que, según el diario británico The Telegraph, en la conversación de noviembre, el gobernante venezolano habría pedido 200 millones de dólares en un presunto acuerdo para huir de Venezuela, sumado a la solicitud de amnistía para él y unos 100 colaboradores.

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Montaje a partir de AFP y Efe

A todo esto, según señaló la agencia Reuters, Trump le habría dado su negativa y, a cambio, le había exigido que dejara el poder antes del pasado 28 de noviembre, a cambio de garantizarle su seguridad durante su traslado a un tercer país. Según apuntan las fuentes citadas, esa oferta ya no está en pie, razón por la cual Washington optó por apretar más la soga al forzar el cierre del espacio aéreo venezolano.

“Ante la presión, es muy fácil creer que el estado real, tanto de Maduro como del alto mando del régimen chavista, sea de muchísimo nerviosismo e incertidumbre. Saben que lo más probable es que esta vez sea diferente y que no podrán salir prometiendo elecciones, negociaciones o diálogos que terminan incumpliendo”, dice por su parte Miguel Velarde, codirector de la consultora Speaker’s Corner.

“Creo que existe una claridad absoluta en la administración Trump de cómo juega sus cartas el chavismo y, por eso, esta vez quizá sea mucho más difícil que salgan airosos”, agrega Velarde, quien considera que la llamada de la Casa Blanca a Miraflores, solo es parte de la estrategia de Washington “jugar todas las cartas”.

EL TIEMPO consultó a varios analistas venezolanos y estadounidenses que coincidieron en que, ante el actual panorama, si bien existe un “abanico de opciones” para que Maduro negocie su salida, dado su accionar, la vía de la presión por la fuerza parece estar cobrando relevancia.

Buque de guerra USS Stockdale. Foto:@geogeolite/X

La opción militar

En el caso de un enfrentamiento regular, las posibilidades de que Venezuela le haga frente al poderío militar estadounidense son complejas.

Estados Unidos se consolida como la mayor potencia militar del mundo, con unos 1,4 millones de efectivos activos y más de 800.000 reservistas, frente a los entre 109.000 y 123.000 soldados activos y unos 8.000 reservistas de Venezuela, según Global Fire Power.

Creo que existe una claridad absoluta en la administración Trump de cómo juega sus cartas el chavismo y, por eso, esta vez quizá sea mucho más difícil que salgan airosos

La superioridad estadounidense también es abrumadora en el aire, con más de 13.000 aeronaves frente a las 229 venezolanas, y en el mar, con una flota de 440 unidades —incluidos 11 portaaviones y 70 submarinos— frente a apenas 34 buques venezolanos, enfocados principalmente en patrullaje costero. En tierra, la diferencia se mantiene: EE. UU. dispone de miles de tanques, casi 400.000 vehículos militares y un masivo aparato de artillería, mientras que Venezuela cuenta con 172 tanques y material mayoritariamente de origen ruso.

Fotografía cedida por la Marina de los Estados Unidos donde se muestra el USS Gerald R. Ford. Foto:EFE

La brecha se amplía con el presupuesto militar: Estados Unidos invierte 962.000 millones de dólares al año en defensa, frente a los cerca de 4.000 millones de Venezuela. Además, analistas señalan que la capacidad operativa real venezolana está afectada por fallas de mantenimiento, entrenamiento y logística, lo que reduce su efectividad en un eventual enfrentamiento.

Una salida negociada bajo presión

Ahora bien, ante el riesgo de que, incluso ejecutando los anunciados ataques militares por tierra sobre Venezuela, Trump no logre dividir la alianza cívico-militar-policial y el chavismo se mantenga en el poder, la vía que se mantendría, según Álvarez y otros analistas, es la de la negociación.

Cabe destacar que Trump bajara el alto costo político-electoral que le puede generar porque no quiere faltar a su promesa electoral de no meter a su país en otra guerra y de seguirse perfilando como un hombre de paz.

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Aunque la CIDH dice reconocer la gravedad de la delincuencia organizada, recuerda que los Estados deben garantizar el derecho a la vida.

Según una encuesta reciente de la cadena CBS, cerca del 70 % de los estadounidenses se opone a una intervención militar directa contra Venezuela, mientras que un grupo bipartidista del Congreso de Estados Unidos presentó una nueva resolución para impedir que una eventual acción militar contra Venezuela se realice sin la autorización expresa del Legislativo, subrayando que cualquier uso de la fuerza debe pasar por debate y votación formal.

Y, con las elecciones legislativas de medio término acercándose, es importante que la administración republicana maniobre bien sus cartas y evite perder las mayorías en el Legislativo.

El presidente Gustavo Petro, uno de los críticos del despliegue militar de EE. UU. Foto:Presidencia

Petro y aliados venezolanos

Una figura que no ha quedado atrás e insiste en su defensa de Maduro es el presidente de Colombia, Gustavo Petro, quien se queja casi a diario de la presión estadounidense hacia su vecino, incluso poniendo en riesgo la relación Bogotá-Washington.

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Montaje a partir de AFP

Pero, además, también ha encontrado apoyo del lado venezolano. Esta semana el embajador de Colombia en Venezuela, Milton Rengifo, Petro y varios políticos y empresarios venezolanos, sostuvieron un encuentro en Cúcuta.

Congresistas presentaron una resolución para obligar a Trump a pedir autorización para una guerra. Foto:Chip Somodevilla. AFP – Archivo EL TIEMPO

“Se trata de crear un espacio para entender en qué podemos coincidir para buscar soluciones negociadas a Venezuela”, contó a este diario Ricardo Cussano, expresidente de Fedecámaras y uno de los asistentes a la reunión.

Para Cussano, una intervención extranjera no es la solución a los problemas del país. “Hay que partir siempre de tres conceptos básicos: soberanía, democracia y paz”.

Al ser consultado si más bien se trataba de una postura de colaboración con el Gobierno de Maduro, Cussano insistió en que es un amplio sector el que quiere paz para el país.

Ana María Rodríguez Brazón – Corresponsal de EL TIEMPO en Caracas

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